De Sin City, de Frank Miller
EL OTRO BARRIO*
*El poema está basado en la película Sin City
En el cielo un ángel no debe de tener nada de extraordinario.
Bernard Shaw
La noche es una puta que lloraba...
Oscuramente
el cielo como un puño
se cierra.
Y no alcanzo a entender
esta noche excesiva
y rubia y despiadada como el oro
que me acosa, la sucia recompensa
por hacer mi trabajo como sé.
Imagino otra noche,
lejos del cielo azul que nos ignora,
drogada por la lluvia, ante sus ojos,
y el instinto en la piel y el aguacero
sobre la mano abierta de las calles.
La noche se emborracha de sí misma.
Se desboca la lluvia,
nos enseña sus dientes como un arma:
sabe a lluvia su boca, a puñetazo
de agua y sangre, carmín que me recuerda
el de las otras víctimas.
La lluvia es solamente
la triste pincelada de algún pintor borracho.
Las sirenas se acercan.
Llegan a tiempo o demasiado tarde.
Empuño mi revólver
y le hago saber que no bromeo.
Me dice que se llama Nancy,
que es su último día de servicio.
Le digo que lo sé, que estoy al tanto,
sin que note lo mucho que me importa.
(¿Qué sería de ti si lo supieras?)
En sus palabras se traduce el miedo.
La duda como un virus que me asalta
me lleva de la mano hacia su boca.
Necesito un cigarro. Algo va mal.
No veo lo que quiero ver.
Me creo un tipo duro.
No puedo perdonarle la existencia.
Un asesino tiene que ser práctico.
No debería ser tan bella.
No debería mirarme de ese modo.
Huele como deben de oler los ángeles.
Y las cosas se tuercen.
No estoy en condiciones.
La vida no es tan fácil, viejo.
Y una buena pelea nunca es limpia.
¡Tengo que hacerme a esa idea!
El jefe no lo pasará por alto.
Y yo soy un asesino.
Me gano así la vida.
¡No significa nada para mí!
No significa nada...
_______________De repente
su cuerpo es una calle sin salida.
No debería ser tan bella.
No debería mirarme de ese modo.
Muerdo en su piel el polvo
y la belleza
tiene la madurez de una manzana
que conserva el sabor de los vencidos.
Ella baja la vista, ve la sangre,
y se mantiene inmóvil, sonriéndome,
y no sé si admirando
la paz y la esperanza de quien muere.
Y mueve la cabeza,
se echa el cabello atrás coquetamente.
Le digo que la adoro
(¿qué espero conseguir con eso?).
(-"Tenía que decírtelo, tenías que saberlo.
Y si todo lo malo que te pasó en tu vida
hizo de ti lo que eres hoy,
entonces doy las gracias
a lo que pudo haberte sucedido.")
Huele como deben de oler los ángeles,
como debió de oler el mundo el primer día.
Y no desaprovecha su ocasión.
La abrazo con la muerte.
La oscuridad se sube por mi espalda
como un arma gemela de su mano.
Mientras suena el silencio más ruidoso,
se siente poderosa apretando el gatillo
por quinta o sexta vez o...
Se abre paso a tiros por mis venas.
(Y estás llena de curvas como el agua
dibujando tu cuerpo suciamente
contra la dentellada de la lluvia.
Dos gatos negros saltan a mis ojos
desde el tejado de los tuyos.
Son catedrales góticas tus tacones de aguja bajo el agua;
tu boca, el espejismo de una rosa imposible.)
Parece que tenemos compañía.
Y sabe que esa frase nunca es buena.
Y más tarde la pasma acordona el poema,
precinta las palabras,
la poesía, el barrio de las putas.
Bajo un indiferente cielo azul,
la muerte es una puta que lloraba
por mí.
Su ángel caído.
_______________Recuerdo una autopista
del color de su piel, algún cielo remoto,
en la mirada el vuelo cautivo de algún ave,
la noche penetrando el labio que se abría,
la breve arquitectura del efímero tanga,
mientras yo conducía a casa de sus padres.