
DISCOTECA CON VISTAS A LA LUNA
Hola, qué tal, cuánto tiempo, ¿verdad?, ¿qué es de tu vida ahora?, por si te sirve de algo aún no te he podido olvidar, y está bien que así sea para mí, porque te quise tanto a veces... Perdona, ¿nos conocemos? No sé, te he visto taciturna, o quizás aburrida, mirando... Un río que ni siquiera sabe mi nombre y unos astros que no saben nadar... Sí, tan alicaída y cabizbaja que casi seguro que has pedido un deseo en lugar de estar con tus amigas en la pista de baile, ¿no es así? Tal vez, pero ¿nos conocemos? Sí, pienso que sí, pero no me recuerdas desde luego, además el mundo no está poblado de gente como tú... ¿Cómo? Es probable, también, que estés en otras cosas y por eso no logras evocarme, como cuando un niño o una niña están jugando con sus juguetes y son felices y tan felices que ni siquiera piensan que ya habían jugado antes como nunca jugaron ni habían jugado antes, no sé si me explico. Algo he captado. (...). Ah, vale, está bien, es un juego, para ligar conmigo, ¿no?, pero bueno, en ese caso jugaremos, no me lo tomaré como una broma, aunque mi primer impulso haya sido otro, pero bueno, qué quieres saber, y espero no estar cayendo en un error, pero bueno, tampoco sería la primera en cometerlo, ni la última en arrepentirse, así que ¿qué quieres saber? ¿Qué fue de nosotros, cómo cambiamos tanto? Ya lo sabes, te lo diré con toda franqueza: fuiste tú la causa, y fue tu madre, y fue tu padre, y fueron tus hermanos, todos, fue mucho peso para una sola persona, como bien sabes, tirar yo sola de ese carro tan pesado no estaba dentro de mis cálculos, y quise comprenderte y lo intenté con todas mi fuerzas, y con alguna fuerza más también, pero estaba hastiada de prodigarme a mí misma tanta compasión y, además, nunca supiste romper con la distancia, quisiste tenerlos a tu lado, a todos y cada uno, aunque eso sí te lo confieso, como telón de fondo, por decirlo así, un fondo, vale, lo reconozco, abstracto, pero un fondo al fin y al cabo, pero estaban tan presentes para mí... Tienes razón, siempre tuviste esa lucidez y veías siempre la tramoya de mis intenciones, la trastienda de mis deseos, como el niño las tripas del juguete, siempre entendiste con tu tímido "algo he captado" el mecanismo que me hace estar vivo y respirar y hasta rodar por las mentiras, siempre dejaste en evidencia, y no era fácil, el otro lado de mis cosas, que era malo para ti y lo siento. No te preocupes, lo superé, sufrí al principio, pero lo superé hace tiempo, y vaya en tu descargo siempre que tu amor hacia ellos no solo resultaba natural, sino que estaba de acuerdo con tus deseos, a pesar de mis pesares, pero ya sabes que simplemente cuento mi historia, aunque nada es más sencillo: siempre fuiste transparente para mí y yo opaca para ti. No me tengas en cuenta, por favor, mi expresión desconcertada después de tanto tiempo, es solo que tu rostro vuelve a serme familiar, ya no me cabe duda, pero sobre todo me gustaría saber qué ha sido de tu vida, cuéntame, por favor, tus planes ahora, me agradaría mucho escucharlos, me veo en la urgencia de pedírtelo, aunque ignoro si esto te servirá de enojo o de alegría... Soy profesora, al fin, ¿te acuerdas de mi lucha, de nuestra interminable lucha?, incluso me llamaste una vez filóloga interruptus. Sí, cómo olvidarlo. Pues eso, doy clases de Inglés en un centro de secundaria, y no me puedo quejar de mi vida, está claro, y tengo un hijo adorable de apenas siete años, ah, mi madre se casó. ¿Sí?, ¡cuánto me alegro!, eso sí que es justicia poética y no lo mío, otra cosa no hubiera tenido perdón de Dios, claro, y Él no iba a permitir que tu mamá se lo reprochara, ¿no?, el Día del Juicio. (Ella me sonríe como nunca me había podido imaginar que fuera capaz de hacerlo ante mis ojos, y esa conmiseración sincera es, desde luego, un lenitivo para mí, y ni el amor se iguala a este sentimiento.) Y me pregunta por ti, porque te quería como a un hijo y tú lo sabes. Ya lo sé, siempre lo supe, pero a veces uno, es el ego, o el orgullo, queda atrapado como entre dos espejos, y esa imagen no tarda en convertirse, en realidad, en un ser humano, y eso es la contradicción, no sé si me explico. Algo he captado. Lo que te quiero decir es que una parte de mí no le perdonó a tu mamá que ni siquiera me llamase cuando tú y yo lo dejamos, quiero decir, lo que hubiera hecho una madre en su caso, pero también sé por desgracia, y esto sirve como justificación, que las madres son siempre como las hijas, y eso que por otra parte yo quise hacerlo para acabar bien lo que siempre fue bien entre nosotros, pero no lo hice y venció el ego, el maldito orgullo al otro lado del cristal. Sigues en forma con las palabras como siempre, y sé que has publicado cosas, incluso tienes a tu lado a algunos escritores que te apoyan. Ahí estamos, mis musas y yo, intentándolo, como siempre, nunca hice otra cosa que intentarlo, mi trabajo siempre fue intentar cosas, ¿verdad? Sí, así es, y a veces las cosas salen mal y a veces no tan mal, por eso no he podido olvidar aquella vez en que quise golpearte y tal vez lo hice aunque no lo llegara a hacer porque alguien lo impidió, y no me digas ahora como hacías siempre que no era lo mismo un golpe mío que un golpe de tu padre, pongo yo tu caso, cuando la intención y el odio son los mismos, "perdóname el dolor alguna vez", como me repetías cada vez que teníamos un conflicto amoroso, mira por dónde, pero no me odies nunca, por favor, que "me moriré sin ti si tú me odias y no querré vivir si llego a odiarte", como escribiste una vez pensando en mí. No pasa nada, está olvidado, y debemos con firmeza cortar, como se dice, por lo sano, esa parte oscura de nuestra historia, los nervios representan algo así como una última bala en la ruleta rusa, y hay un momento en que esa bala irremediable perfora la paciencia... No, no, no lo olvides, ni tampoco lo defiendas, no quiero que me lo toleres, porque podría volver a pasarme, es lo único por lo visto que heredé de mi padre, y quizás por eso no hemos vuelto hasta hoy a saber de nosotros, no es extraño... Dejémoslo aquí, ¿no te parece?, la luna ya nos desvarió bastante con sus extraños influjos y desvelos, y este río no es merecedor de ninguna de tus lágrimas... Sí, eso mismo, es cierto... Deja que te seque... No te preocupes, de verdad, ha sido un descuido, ¿hay qué decirlo? nos esperan dentro a los dos, y no sé qué hacemos aquí recordando lo infelices que fuimos pudiendo ser felices en mitad de una pista de baile, ¿verdad?. Tienes razón, como siempre, te conozco, y te lo reconozco, y no hemos venido aquí a recordar, ¿no crees?, yo solo quería conocerte, porque te he visto entre la multitud mirando el río tristemente y he sentido que había llegado el momento ineludible de que te conociera y no se me ocurrió otra cosa que acercarme a tus dominios como un tonto sin más. No digas eso, has hecho bien, ese momento es también mi momento, has hecho bien, de veras, siempre fuiste muy sensato, demasiado a veces, como un cuerdo de atar (risas) y tú sabes muy bien, por eso te acercaste, que nunca te he olvidado. (...). A veces casi nada tiene sentido y es cuando más sentido tiene, y ahora lo entiendo, el momento elegido por el azar vale siempre más que el momento elegido por nosotros mismos, además quiero que me saques a bailar nuestra canción y contarte por qué mi hijo lleva el nombre de su padre. Ahora sé que siempre fuiste generosa e injusta, pero te quiero así, generosa e injustamente. Que me perdone mi primer amor por considerarte a ti el primero, y anda, bésame despacio, sin palabras, que tus labios salvavidas cobren mayor interés entre los míos, que luego pedirán tu compasión.
_______________Recuerdo una autopista
del color de su piel, algún cielo remoto,
en la mirada el vuelo cautivo de algún ave,
la noche penetrando el labio que se abría,
la breve arquitectura del efímero tanga,
mientras yo conducía a casa de sus padres.