sábado 28 de noviembre de 2009

¿VOLVER?

Tengo todas las cartas

__________________de los primeros años,
algo convencionales,
y aún conservo en la boca ciertas noches
de sabor indefenso
y propuestas de paz a mis espaldas,
cumplido ya el alcohol -incalculable
memoria de otros mundos, otros cuerpos
felices de estar solos-
bajo una adolescencia
de sábanas dudosas lo mismo que la luz
junto a la puerta abierta como un brazo afectivo.

Alguna vez recuerdo los días de verano,
el oro de la tarde en la terraza azul
mientras el sol tomabas largamente;
la luna en la piscina como un cuerpo desnudo
señalando el camino algo más tarde,
antes de que te diera el primer beso.
O esa ruidosa lluvia que cayó con nosotros
en la cama más dulce que fue el césped del parque.
O aquel septiembre a oscuras sobre el muro,
a ras de cielo, bajo un beso ya antiguo.
Aquí está la botella todavía
y el mensaje de agua que dice nuestro amor.

Aunque parezca así que todo está más claro,
nosotros, los de ahora,
ya no somos los mismos de las fotografías,
tan fieles y tan íntimos
por encima y debajo de nosotros,
sentíamos
la vida que empezaba en el tercer botón.
Nada es igual que entonces -es justo confesarlo-,
no somos más que dos desconocidos
que se abrazan después del desamor
y la fecha borrosa de las dedicatorias,
esas palabras que nos hablan siempre
con nuestra propia voz, nuestra melancolía.

No queda del deseo ni el rastro de tu ropa
y entiendo que no quieras decirme en esta carta
abierta al optimismo ingenuamente,
pasado ya algún tiempo,
que ahora la noche es fría entre nosotros,
sin alas para levantarse, a medio abrir
en la piscina a solas de los años,
émula de la luna que salpica en el agua
como una bailarina o una mano
o tal vez un cuchillo
de la flexible espuma en los cerrados muslos,
mientras la noche avanza fríamente
en la ventana.

Ignoro si algún día
el tiempo mudará de piel y se pondrá más amarillo
en mis fotografías, junto a ti
que has sido siempre mi mejor costumbre,
que invades mi teléfono y es tarde
para esgrimir la luna de argumento
y arrasar las fronteras de mi horario,
las horas y minutos que marca nuestra angustia.

Mi corazón emite la música dudosa
de las vacilaciones y las noches que siguen.
Me siento en el sofá, me sirvo un té,
enciendo el cigarrillo de las dudas
y busco algún canal en el televisor
como un barco de carga busca puerto.
Pero parece el mundo otro álbum de fotos,
menos real la vida, y menos incendiaria.
Me miran a los ojos los espejos
hablando del final de nuestra historia.

Y mientras tú reinventas los nombres de las cosas,
te atreves a poner nuestra canción
y me esperas desnuda en la cálida alfombra,
yo miro aquellos rostros de otro mundo,
sabiendo
que aún queda algo más por descubrir
con quienes son iguales que tú y yo
y nos esperan libres de impaciencia
con el brillo en los ojos de las copas
cercanas al placer de ser dichosos.

Sólo imagínate que no existimos,
que ponemos en duda los recuerdos.
Porque el silencio a veces no es cuestión de palabras
ni hay cartas que desmientan el olvido.

sábado 7 de noviembre de 2009


NOVIEMBRE, 13

Sonia, pastel de ron y madrugada,
como una ducha fría en el infierno.
Sonia pinta de azul cualquier averno
con ojitos de niña maquillada.
Sonia lo espera todo o casi nada.
Sonia, carmín, imán, frugal, eterno,
siempre saca calor del peor invierno.
Sonia, sin mes de abril, flor despistada.
Sonia, novia formal de los espejos,
rincón del Paraíso, aunque esté lejos.
Sonia, no sé si hay labios más cabales,
pubis de sol, envidia de la luna.
Eres desde el principio -tú en la cuna-
como quisieran ser las catedrales.



ABRIL, 19

Rocío, carpe diem, resaca y desayuno
tras las mil y una noches de amor y vino y rosas.
Rocío, sin fronteras, hoy pintas las baldosas
de amarillo y los sueños de todos menos uno:
el gris que se amotina, el gris inoportuno.
Rocío, esperas, fumas la paz entre otras cosas.
Por ti hoy las palabras se ponen tan nerviosas,
por ti otra vez hoy cumplen los sabios veintiuno.
Rocío, made in Moon, tarta de luz, cubata
de labios con silencios con los que dar la lata.
Rocío, Thelma y Louise, alma con piercing verde,
virus de la esperanza que el corazón se inventa,
siempre es ahora, y es de noche, y el sol que se lo pierde.
... Contigo recordamos que el mundo no está en venta.

sábado 31 de octubre de 2009


LA APARICIÓN

Todo tuvo lugar tres horas antes de haberle retirado el feto ya sin vida desde hacía unos meses y tras no poder explicar nadie aquel increíble suceso. Fue esa tarde de abril de 1979, según he comprobado, se aproximaba el equinoccio de primavera, cuando se detuvo el taxi en las puertas de la clínica de Fátima. Una joven mujer y un hombre igual de joven, que eran los únicos pasajeros, bajaron del automóvil agradecidos por la generosa diligencia del taxista y se pusieron a mirarse y también a su alrededor, aquí y allá, con cierta curiosidad, incluso ella suspiraba, durante el breve intervalo que transcurrió desde que abandonaron el coche hasta que atravesaron aquella hermosa y blanca puerta llena de múltiples espejos, donde la sombra del crepúsculo golpeaba su no luz haciendo brillar oscuramente los cristales del edificio como si estuviesen en llamas, pero de otro modo, como una telaraña de reflejos ante la sombra luminosa proyectando sobre ellos la sombra vespertina como un vulgar atrapasueños.

Debió de ser un ofrecimiento inesperado que hacía la odiosa infortuna, cualquiera sabe, porque los que conocían un poco al matrimonio sabían que formaban una pareja de humildes afectos y escasos recursos para los que la llegada de otra criatura supondría un elemento nuevo y previsiblemente incompatible con la rutina de la casa. En resumen, se les tenía por dos personas sumergidas en el desencanto que toda resignación un buen día de esos malos anilla a su dedo anular de una vez para siempre. Estas situaciones son así. Por lo que causó una sorpresa enorme entre sus familiares no que se hubiesen decidido siquiera a aceptar el nacimiento de un nuevo hijo, el tercero ya, que también, sino más aún que no fueran a ofrecerlo en adopción.

Pensara lo que pensase la familia, y durante los últimos días no había hecho otra cosa que pensar en este suceso, lo cierto es que los dos parecieron siempre decididos a brindar a su recién nacida criatura una risueña y cálida recepción. Mas esto siempre eran ilusiones, porque en el instante en que le abrieron al mundo desde el alma sus puertas de partida, sin mayores angustias, la nueva criatura que jamás fue salió precipitadamente buscando una existencia que no encontraría, frotándose las manos tanta muerte.

El joven matrimonio, ella destrozada y él fingiendo que aún no lo estaba del todo, defendiéndose de lo impensable y apenas imposible ya en su caso, no podía creer en absoluto, aunque lo vieran allí tan pequeñito e inocente, a los médicos que asistieron aterrados al alumbramiento de un fantasma, que lloraba sin fin y sin consuelo, irremediablemente, en los brazos tan fríos y distantes de cuantas enfermeras trataron sin fe de dar amor a un muerto, que finalmente resolvió quedarse en este mundo si no en cuerpo si que en alma, recogiendo la madre sin pensarlo un asomo su linda pertenencia con esa esperanza suya tan dura de roer y ante el rostro inaudito de los médicos y enfermeras y hasta de su propio marido. Sabido es que en ocasiones las madres se mueven por energías primarias, por instinto, y la humanidad lo agradece.

Algunas horas después, a la luz de una luna que decididamente parecía un sol, y mientras la miraba, pareció brotar de su madre un gemido lejano, casi inaudible, y empezó a mover, por fin, de pronto, los brazos en la cuna.

sábado 24 de octubre de 2009


COMIDA A DOMICILIO

Hay dos caminos en la vida: arriesgarse o abstenerse, pero la vida está hecha de inminente peligro, nos asegura a modo de sentencia oriental el folletito publicitario del restaurante, mientras me río absurdamente y mi novia le pone a cada palabra que lee unos ojos reflexivos, como de circunstancia. Si no lo crees así, y piensas que te puedes abstener, no sé a qué esperas para encerrarte en casa de igual modo en la habitación que quieras y echar la llave tras pedir comida a domicilio. Vivir no es ir juntando para mañana, o pasado, mejor así, porque la vida no está entre esas huellas que nos preceden siempre como nunca (hoy tanto como ayer) y sin embargo vemos. La vida es lo que vas dejando atrás, la vida es lo primero que se pierde, la vida lo segundo y lo tercero... Si piensas que la vida se esconde en el futuro, serás tú misma (no lo olvides, cariño, je, je) la que se quede atrás. (Y yo sigo riéndome de la ocurrencia oriental.)

—Anda, my darling, levántate y camina, je, je, aunque solo sea para abrir la puerta, me parece que llaman.

Y tras abrirla, me parece que no me haré a la idea de no volver a verte.

lunes 19 de octubre de 2009


EL TRUCO FINAL


Efectivamente, la capa tenía una serie de desgarrones de lo más deplorables cuyo zurcido requería de una aguja hábil. Estaban todos en el lado izquierdo del pecho, unos surcos largos, paralelos, de unas seis pulgadas, algunos no llega­ban a rasgar el tejido. Él sólo pudo manifestar que ignoraba com­pletamente su origen, estaba seguro de que la capa no los tenía la noche anterior. Pero, mamá, son iguales que los arañazos que tiene por dentro la puerta de mi cuarto, y te aseguro que no los he hecho yo, porque no sé de qué tengo que escapar. Lo desconozco, hijo mío, es muy extraño, cómo han podido apare­cer esos arañazos ahí, están demasiado altos para ser del perro o del gato, y menos aún de una rata, parecen hechos por las uñas de un chino, como nos contaba un tío nuestro que estuvo en el negocio del té cuando éramos chicas, yo que tú no le diría nada a nadie, pero cierra la puerta con llave cuando te acuestes, para que nadie sepa más que tú si ya te has despertado. Siempre lo hago, mamá, después de rezar. ¡Ah, buen chico!, no te olvides nunca de rezar y no te ocurrirá nada malo.


Tras varias jornadas en las que había estado más nervioso y menos circunspecto que en otras ocasiones, quizás por ese apoteósico espectáculo que no lograba cerrar como él deseaba, asumió por fin, y por falta de tiempo y de paciencia, que había de enfrentarse a su fantástica ilusión para probar la suerte de su prodigioso ingenio, como tantas veces lo habían anunciado los promotores de turno en la ciudad. Porque los hay aún que no quieren olvidarse de la insólita hazaña de El Bidón de Leche, de aquel angosto bidón relleno de agua en el que el ilusionista era sumergido por completo y del que se esfumaba con destreza y astucia tras unas cortinas, lejos de los ojos de los espectadores. Se le recuerda, sí, pidiéndole al público contener la respiración tanto tiempo como él (algo que nadie conseguía) mientras intentaba escaparse a la par que un gran reloj mostraba el inquietante paso de los minutos. Aunque realmente lograba salir al poco de haber entrado, incluso a veces se sentaba durante un rato a leer el periódico mientras la orquesta tocaba con tenacidad para imprimirle una mayor emoción al fascinante número. Entonces levantaban la cortina azul y aparecía Houdini, culminando la escena entre las atronadoras manos del aplauso. Otro de sus retos más enigmáticos fue la Cámara de Tortura China: era sumergido en un enorme acuario, colgado boca abajo por los pies, de donde escapaba con habilidad y presteza tras unos interminables minutos y ante el asombro del teatro. Lo último que veían los espectadores, antes de que la cortina lo ocultase oscuramente, era la aterrada mueca que desfiguraba el rostro del ilusionista, sumergido casi irremediablemente, golpeando el cristal con desesperación. Otro de los actos más célebres del maestro, y que fue el que más éxito obtuvo, pese a su enconada dificultad, fue el espectáculo Caída al Vacío, más memorable como Shock in the Air, el cuál consistía en realizar una caída libre pies arriba, sin ningún medio de protección, realizando un salto desde el piso setenta del Empire State para rebotar después hasta cicuenta metros de altura, saludando a la multitud y desvaneciéndose lentamente en el aire lo mismo que un espectro en busca de la nada.


Y no sabe nadie cómo fue que entonces se acordó de un libro llamado The Memoirs of Robert-Houdin, Ambassador, Author, and Conjuror, Written by Himself: el libro narraba las memorias del mago Jean Eugéne Robert-Houdin, a quien el joven de inmediato convirtió en su ídolo, inspirado decisivamente por él, y desconocen todos igualmente que desde aquel crucial y feliz descubrimiento decidió utilizar el apellido del mago, añadiéndole una i al final para indicar parecido a Houdin. Y aunque solo fuera una pulsión de la memoria extrañamente ya lejana, a causa de semejante recuerdo hubo un momento onírico de entrañable claridad mental en medio de aquella terrible pesadilla en que también se acordó de su madre, que siempre había asistido a sus más arrugadas proezas. Pero, mamá, yo ya tengo muchos años y ya no lo soporto como cuando era joven: por qué no me negué..., aunque hubiera oído contar muchas veces a los hombres del astillero lo del hombre que escapó de la muerte de ese preciso modo, jamás me lo creí, mamá, no logro entender por qué no me negué... Entonces un ruidoso desasosiego invadió el camposanto desesperadamente porque las cosas eran más complejas de lo que él creía. Cuando retiraron la tierra y abrieron el ataúd, para que comprobara el mundo si había tenido lugar la última hazaña del mago, encontraron cómo no el cuerpo sin vida de Houdini y un sinfín de enloquecidos arañazos tanto en su capa, en la Escapista como su madre la llamaba, presa en sus agujas de zurcir tantas veces, como en las demenciales maderas que ensamblaban la caja mortuoria. El genio tenía las uñas rotas y los dedos astillados de múltiples maneras, debido a que estuvo pugnando en vano por liberarse, sí, por escabullirse detrás de alguna idea lúcida, las otras no habían funcionado, que fuera digna de él para poner fin a su suplicio y tomar nuevamente contacto con el mundo de los vivos, al que quería seguir perteneciendo para verificar su íntima y cómplice y vital nostalgia de la muerte, esa búsqueda, esa huida irracional y hermosa a ojos vista.


Debió de sentir el maestro por primera vez ese temor del derrotado que tuerce el gesto a la mínima, dijo algún insensato espectador, que se mira al espejo y no se reconoce, que desconfía de todo porque desconfía de sí mismo, él que había escapado de cuerdas y cadenas y camisas de fuerza y todo tipo de esposas y barriles y cajas y baúles y bidones y bolsas y sacos y jaulas y ataúdes y habitaciones cerradas, y también se dice que se libró de un monstruo marino, probablemente un calamar gigante o tal vez una ballena, de cuyas tripas consiguió salir airoso, y se conoce que el público que le veía deseaba con el mismo afán que triunfara y que fallase, e interminablemente en ese instante desfilaba ya ante sus ojos el fúnebre cortejo de admiradores e intrusos que aún no tenían muy claro el desenlace, porque nunca la muerte, ese truco final que nos espera, había levantado tanta expectación. Y debió de sentir del público su aplauso, porque la vida es un juego demasiado fácil, por eso hay que jugarse la vida a cada instante, si no ésta carece de sentido, y debió sentir también la necesidad obsesiva de estar y no estar al mismo tiempo, él que encarnó la paradoja inapelable de estar vivo y muerto a la vez, y en ese momento lo vio todo con cordura, porque ésa había sido su manera de irse olvidando de que un día llegaría a querer escapar de todos los peligros adentrándose vertiginosamente en las altas ventanas de la magia, y debió de sentir a su madre llamándole a la puerta del cuarto para que se levantase a tomar el té, con su capa en la mano ya zurcida.


DISCOTECA CON VISTAS A LA LUNA

Hola, qué tal, cuánto tiempo, ¿verdad?, ¿qué es de tu vida ahora?, por si te sirve de algo aún no te he podido olvidar, y está bien que así sea para mí, porque te quise tanto a veces... Perdona, ¿nos conocemos? No sé, te he visto taciturna, o quizás aburrida, mirando... Un río que ni siquiera sabe mi nombre y unos astros que no saben nadar... Sí, tan alicaída y cabizbaja que casi seguro que has pedido un deseo en lugar de estar con tus amigas en la pista de baile, ¿no es así? Tal vez, pero ¿nos conocemos? Sí, pienso que sí, pero no me recuerdas desde luego, además el mundo no está poblado de gente como tú... ¿Cómo? Es probable, también, que estés en otras cosas y por eso no logras evocarme, como cuando un niño o una niña están jugando con sus juguetes y son felices y tan felices que ni siquiera piensan que ya habían jugado antes como nunca jugaron ni habían jugado antes, no sé si me explico. Algo he captado. (...). Ah, vale, está bien, es un juego, para ligar conmigo, ¿no?, pero bueno, en ese caso jugaremos, no me lo tomaré como una broma, aunque mi primer impulso haya sido otro, pero bueno, qué quieres saber, y espero no estar cayendo en un error, pero bueno, tampoco sería la primera en cometerlo, ni la última en arrepentirse, así que ¿qué quieres saber? ¿Qué fue de nosotros, cómo cambiamos tanto? Ya lo sabes, te lo diré con toda franqueza: fuiste tú la causa, y fue tu madre, y fue tu padre, y fueron tus hermanos, todos, fue mucho peso para una sola persona, como bien sabes, tirar yo sola de ese carro tan pesado no estaba dentro de mis cálculos, y quise comprenderte y lo intenté con todas mi fuerzas, y con alguna fuerza más también, pero estaba hastiada de prodigarme a mí misma tanta compasión y, además, nunca supiste romper con la distancia, quisiste tenerlos a tu lado, a todos y cada uno, aunque eso sí te lo confieso, como telón de fondo, por decirlo así, un fondo, vale, lo reconozco, abstracto, pero un fondo al fin y al cabo, pero estaban tan presentes para mí... Tienes razón, siempre tuviste esa lucidez y veías siempre la tramoya de mis intenciones, la trastienda de mis deseos, como el niño las tripas del juguete, siempre entendiste con tu tímido "algo he captado" el mecanismo que me hace estar vivo y respirar y hasta rodar por las mentiras, siempre dejaste en evidencia, y no era fácil, el otro lado de mis cosas, que era malo para ti y lo siento. No te preocupes, lo superé, sufrí al principio, pero lo superé hace tiempo, y vaya en tu descargo siempre que tu amor hacia ellos no solo resultaba natural, sino que estaba de acuerdo con tus deseos, a pesar de mis pesares, pero ya sabes que simplemente cuento mi historia, aunque nada es más sencillo: siempre fuiste transparente para mí y yo opaca para ti. No me tengas en cuenta, por favor, mi expresión desconcertada después de tanto tiempo, es solo que tu rostro vuelve a serme familiar, ya no me cabe duda, pero sobre todo me gustaría saber qué ha sido de tu vida, cuéntame, por favor, tus planes ahora, me agradaría mucho escucharlos, me veo en la urgencia de pedírtelo, aunque ignoro si esto te servirá de enojo o de alegría... Soy profesora, al fin, ¿te acuerdas de mi lucha, de nuestra interminable lucha?, incluso me llamaste una vez filóloga interruptus. Sí, cómo olvidarlo. Pues eso, doy clases de Inglés en un centro de secundaria, y no me puedo quejar de mi vida, está claro, y tengo un hijo adorable de apenas siete años, ah, mi madre se casó. ¿Sí?, ¡cuánto me alegro!, eso sí que es justicia poética y no lo mío, otra cosa no hubiera tenido perdón de Dios, claro, y Él no iba a permitir que tu mamá se lo reprochara, ¿no?, el Día del Juicio. (Ella me sonríe como nunca me había podido imaginar que fuera capaz de hacerlo ante mis ojos, y esa conmiseración sincera es, desde luego, un lenitivo para mí, y ni el amor se iguala a este sentimiento.) Y me pregunta por ti, porque te quería como a un hijo y tú lo sabes. Ya lo sé, siempre lo supe, pero a veces uno, es el ego, o el orgullo, queda atrapado como entre dos espejos, y esa imagen no tarda en convertirse, en realidad, en un ser humano, y eso es la contradicción, no sé si me explico. Algo he captado. Lo que te quiero decir es que una parte de mí no le perdonó a tu mamá que ni siquiera me llamase cuando tú y yo lo dejamos, quiero decir, lo que hubiera hecho una madre en su caso, pero también sé por desgracia, y esto sirve como justificación, que las madres son siempre como las hijas, y eso que por otra parte yo quise hacerlo para acabar bien lo que siempre fue bien entre nosotros, pero no lo hice y venció el ego, el maldito orgullo al otro lado del cristal. Sigues en forma con las palabras como siempre, y sé que has publicado cosas, incluso tienes a tu lado a algunos escritores que te apoyan. Ahí estamos, mis musas y yo, intentándolo, como siempre, nunca hice otra cosa que intentarlo, mi trabajo siempre fue intentar cosas, ¿verdad? Sí, así es, y a veces las cosas salen mal y a veces no tan mal, por eso no he podido olvidar aquella vez en que quise golpearte y tal vez lo hice aunque no lo llegara a hacer porque alguien lo impidió, y no me digas ahora como hacías siempre que no era lo mismo un golpe mío que un golpe de tu padre, pongo yo tu caso, cuando la intención y el odio son los mismos, "perdóname el dolor alguna vez", como me repetías cada vez que teníamos un conflicto amoroso, mira por dónde, pero no me odies nunca, por favor, que "me moriré sin ti si tú me odias y no querré vivir si llego a odiarte", como escribiste una vez pensando en mí. No pasa nada, está olvidado, y debemos con firmeza cortar, como se dice, por lo sano, esa parte oscura de nuestra historia, los nervios representan algo así como una última bala en la ruleta rusa, y hay un momento en que esa bala irremediable perfora la paciencia... No, no, no lo olvides, ni tampoco lo defiendas, no quiero que me lo toleres, porque podría volver a pasarme, es lo único por lo visto que heredé de mi padre, y quizás por eso no hemos vuelto hasta hoy a saber de nosotros, no es extraño... Dejémoslo aquí, ¿no te parece?, la luna ya nos desvarió bastante con sus extraños influjos y desvelos, y este río no es merecedor de ninguna de tus lágrimas... Sí, eso mismo, es cierto... Deja que te seque... No te preocupes, de verdad, ha sido un descuido, ¿hay qué decirlo? nos esperan dentro a los dos, y no sé qué hacemos aquí recordando lo infelices que fuimos pudiendo ser felices en mitad de una pista de baile, ¿verdad?. Tienes razón, como siempre, te conozco, y te lo reconozco, y no hemos venido aquí a recordar, ¿no crees?, yo solo quería conocerte, porque te he visto entre la multitud mirando el río tristemente y he sentido que había llegado el momento ineludible de que te conociera y no se me ocurrió otra cosa que acercarme a tus dominios como un tonto sin más. No digas eso, has hecho bien, ese momento es también mi momento, has hecho bien, de veras, siempre fuiste muy sensato, demasiado a veces, como un cuerdo de atar (risas) y tú sabes muy bien, por eso te acercaste, que nunca te he olvidado. (...). A veces casi nada tiene sentido y es cuando más sentido tiene, y ahora lo entiendo, el momento elegido por el azar vale siempre más que el momento elegido por nosotros mismos, además quiero que me saques a bailar nuestra canción y contarte por qué mi hijo lleva el nombre de su padre. Ahora sé que siempre fuiste generosa e injusta, pero te quiero así, generosa e injustamente. Que me perdone mi primer amor por considerarte a ti el primero, y anda, bésame despacio, sin palabras, que tus labios salvavidas cobren mayor interés entre los míos, que luego pedirán tu compasión.

lunes 5 de octubre de 2009


LA FALTA DE ESPERANZA

Fue solo un instante de pánico y sorpresa al mismo tiempo, pero justo antes de cerrar los ojos le pareció verla allí mismo, en mitad del quirófano.
Al despertar con vida algo más tarde (aunque esperase otra cosa), y tras escuchar las palabras de los médicos, la dibujó al principio con saña en un papel para que todo le fuera familiar desde entonces. Y a medida que fue nerviosamente terminando el dibujo, sentía paso a paso un verdadero gozo y una ilusión verdadera al comprobar tras cada línea trazada por su mano, con más temblor ahora, que aquella misteriosa dama que había visto antes de que le interviniesen en su ventrículo derecho no era otra mujer más que su..., ay querida Esperanza.

sábado 12 de septiembre de 2009


LA VISITA RUTINARIA

Ya está sentada en la silla. Siente de pronto un metálico escalofrío al contactar el espejo con su piel, y a la vez que la luz de cristal explora su incertidumbre, de par en par abierta, siente en ese instante un estremecimiento que es ya desasosiego cuando a continuación le separa oscuramente las mejillas para observar el interior de su boca, explora uno a uno los diminutos hoyos y los minúsculos surcos y fisuras de sus piezas fríamente en busca de algún mal que haya de ser arrancado de raíz, y luego puede ver mientras que se contrae la mayoría de sus músculos cómo utiliza un instrumento milimetrado con marcas cada dos milímetros sin saber que sirve para medir la pérdida de inserción del diente, y sus manos empiezan a sudar de inquietud y de temor, la cánula le roba la saliva y el hálito también y quisiera respirar aire nuevo, pero no puede ni sabe y se ahoga, y asiste indefensa al desconcertante juego de reflejos que el afilado enjambre de largas y cortas y extracortas agujas perfila en la bandeja al tiempo que esplenden impunes las quirúrgicas puntas en sus pequeñas pupilas para siempre, ya que esa imagen ya no habrá de olvidarla, y siente entonces, de forma infatigable, la emoción más antigua y más intensa en la raíz del diente que es el miedo, y luego ¡crac!, y otra vez ¡crac!, la sangre corre desbocada por su lengua, escapando del grito, y otra vez ¡crac! y ¡crac! y luego ¡crac!, sangrientamente ¡crac!, y la mujer se despierta así asustadísima y experimenta un alivio tras comprobar que todo ha sido un sueño espantoso causado por la anestesia, le dice él, que de inmediato le brinda la terrible factura en un plato de plata mientras perfora sus tímpanos su despeinada risa de majara recién salido del infierno y una punzante ansiedad hiela los dientes que le faltan al mirarse con terror al espejo que él le obliga a mirar con los ojos en blanco y espectrales, y entonces la anestesia se diluye y se despierta de verdad sin apenas creérselo, porque ya está sentada en la silla nuevamente.

viernes 28 de agosto de 2009


LA ÚLTIMA PREDICCIÓN

Después de tanto tiempo, sesenta, vaticinando los destinos de sus semejantes, cincuenta y nueve, y tras ser asaltada por un cliente rencoroso al que había presagiado en varias ocasiones, nueve, ocho, siete, que llegaría a sentir por alguien esa noche algo que nunca había sentido, la vieja lanzó en el suelo sus últimas bocanadas de sangre, seis, cinco, cuatro, sin saber qué decía exactamente la bola de cristal cuando echó a rodar por la escalera, peldaño tras peldaño, tres, dos, uno. Nadie sabría jamás la última predicción.



(En la página siguiente.)



O sí. A las pocas horas hallaron, al final de aquel incesante y afilado precipicio de escalones que ahora eran de cristal, el cadáver del insatisfecho cliente cosido a cuchillazos que eran de cristal tras lo que parecía haber sido un simple resbalón según refirió la policía, como si no pudiera saber o averiguar otra cosa. Y en la estancia de los buenos augurios y los malos presentimientos, encontraron el cuerpo de la Maga con el rostro ensangrentado y una media sonrisa garabateada quién sabe si por la última predicción tras sesenta escalones muerte abajo.

jueves 27 de agosto de 2009


SMS

Tras el entierro, ella prefirió quedarse un rato más frente a la lápida de su único hijo, pensando tal vez en lo feliz que lo vieron todos apenas tuvo en sus manos el obsequio de cumpleaños de su padre, un móvil de última generación que ahora descansaba junto a él y que había sido motivo de discordia entre ella y su marido por la conveniencia o no de su uso pese a su corta edad, el pequeño cumplió solo nueve años algunos días antes del trágico accidente en la bañera en un descuido de su padre mientras lo bañaba.
De pronto sonó el móvil y vio que había un mensaje en la bandeja de entrada: “No me caí”.
Impactada por el hecho, quiso comprobar si era una broma de mal gusto, pero el móvil sonaba bajo tierra.

miércoles 26 de agosto de 2009


LA MINA

Ahí estaban ellas, eran quince ese día, o eso se cree aún, y a partir de entonces ninguna, pero ahí estaban ellas arrancando una y otra vez piedras preciosas, acaso sin saberlo, del corazón de la tierra, cuando de repente un atronador silencio las dejó casi ruidosamente sordas y un callado estallido de luz casi oscuramente ciegas. Y de pronto todas notaron en sus mentes cómo gravitaba una poderosa sensación de extrañeza, sintiendo cada una el tenebroso frío de las profundas y pétreas superficies a sus espaldas, quedándose inmóviles, petrificadas las manos y los pies por tanta incertidumbre, pero súbitamente vislumbraron, aunque todo era confuso en ese caos de sombras proyectadas en las paredes y techos de las galerías, lo que parecían algunas figuras humanas corriendo apresuradas, unas tratando de ocultarse, otras que se acercaban diligentes, pero apenas alcanzaban a ver lo que allí sucedía. Por un instante todas quisieron hallar en sus estrechos sentidos, desesperadamente, como en un cajón de sastre, un hilo de esperanza del que tirar con decisión y valentía, y entonces lo hallaron, y en verdad oigo los pasos que se alejan y los gritos de ayuda, y es cierto también que ahora veo claramente una masa de múltiples y pequeñas luces que se entrecruzan con violencia, sombras somos y sombras perseguimos, hasta que percibieron todas, una a una, y a medida que avanzaban sigilosas por aquel angosto pasillo, que la sordera lentamente se iba diluyendo y que en sus ojos poco a poco se reestablecía la claridad conforme se acercaban poseídas a la extraordinaria luz.

Luego se supo que la causa de la explosión había sido el generador eléctrico que abastecía la mina. Lo que no comprendió nadie, pese a la persistencia de las autoridades responsables de su explotación en demostrar lo contrario, era por qué a partir de ese negro día no encontraron jamás piedras preciosas, solo extrañas y lóbregas cadenas de otros tiempos casi inescrutrables, y por qué nadie nunca quiso volver a trabajar en ella pese al encarecido interés de la compañía.

A propósito de tal narración, los muchos mineros que fueron testigos de semejante historia refieren que primero fueron quince, y luego más, y mienten los que dicen que alguna ha regresado.

lunes 17 de agosto de 2009


PARÍS NUNCA SE ACABA

Y sé cómo es la vida cada vez que amanece.
Andrés Neuman

Eres, París, ojos con lluvia, y yo
un edificio en llamas
y una tristeza azul
de lunes, martes, miércoles,
jueves, viernes y sábado y domingo...
Bajo los adoquines ya no hay rastro de césped.
Pido un poco de caso
como el plato vacío de un mendigo,
igual que un vagabundo con un par de maletas
que arrastra a todas partes.
Nunca he tenido casa, sólo, y siempre,
la inacabable luna,
la limusina blanca de los sueños.
Pero me obligo a olvidarlo
y sé cómo es la vida cada vez que amanece.

Y es cosa que aprovecho para armarme
con mi red amarilla de cazar mariposas.
Y hago malabarismos por los puentes
detrás de una de tantas,
y los colores verdes y dorados...
Y la ciudad conmigo
puede con la paciencia
de cualquier cámara de fotos.
Y cae la calderilla,
una
a
una,
en el sombrero gris
con que te doy las gracias
de todo corazón,
ese lugar pequeño que no tarda en llenarse,
en donde, milagrosamente, a veces
cae la vida.

domingo 16 de agosto de 2009


ENEMIGO A LAS PUERTAS

I

Su hoja de servicios lo refiere, y así lo apunta la Lufwaffe, se le adjudican dos mil quinientas treinta misiones de combate, se le atribuye la destrucción de quinientos diecinueve tanques soviéticos y once aviones enemigos horadados de odio y luego derribados en un mar de ciudades, porque en el otro había hundido ya más de sesenta embarcaciones. Pero el informe niega a todas luces que el día en que Hans Ulrich Rudel, el más condecorado de los pilotos del Führer, había de pilotar su avión de combate Stuka por ultima vez, en un ataque ocioso sobre un campo de concentración, no podía imaginarse que de pronto un importuno y pertinaz hormigueo entre sus piernas haría caer de una vez para siempre al Ángel Negro sobre el fatal destino de aquella hermosa explanada verde, y ahora más. Y fue allí esperanzador verlo sin alas, su Fortaleza Volante, del color de la muerte, y ahora más, sin sus alas plegables, sin su gancho de cola, como un vulgar insecto asaltado en el césped. Y todo por aquella bomba en miniatura, él que había cargado entre sus alas, en septiembre del cuarenta y uno, un arma de más de mil kilos y hasta dañado soviéticamente el crucero-acorazado Marat, incluso la propaganda alemana fabricaría más tarde la leyenda de que Stalin había puesto precio a su cabeza, ofreciendo cien mil rublos a quien lo capturase, vivo o muerto. Y como solo la libertad es justa, el buen viaje del liliputiense crucero-acorazado daría la vuelta al mundo ochenta veces cada día a partir de entonces. Y hoy más que nunca la Malquerida, como se la conoce en la resistencia a la hermosa y minúscula mamá ladilla que salvó a Europa cuando los demás héroes habían fracasado, demuestra al mundo y a la Historia una vez más que en tiempos de guerra no hay enemigo pequeño. Hasta el día de hoy.

II

“Verloren ist nur, wer sich selbst aufgibt”, fue su lema esa noche en la cama de Emma. "Y solo el que se da por vencido está perdido", le dijo a ella a los ojos en un perfecto francés, y antes de acariciarle con el índice los labios y hacerle ver que sus besos eran imposibles.

“Si luchamos, podemos perder; si no lo hacemos, estamos perdidas”, le jaleaba ella más tarde a la pequeña tropa del prostíbulo, honrando su memoria, que había iluminado su venganza en el refugio aquel a oscuras de París.

sábado 15 de agosto de 2009


OTRA OPORTUNIDAD

Subió sin prisa la escalera, de uno en uno, sigilosamente, como lo haría un gato por cualquier cornisa, pero de pronto, sin saber el porqué, tuvo una suerte de pálpito, de imagen presentida, el tronco rígido, los brazos en tensión, despegados del cuerpo, a medio abrir los labios, temblorosos, los ojos tímidamente iluminados, el llanto casi seco, y cuando se disponía a encarar los últimos peldaños escuchó un espantoso ruido frente a sí y su respiración empezó a agitarse y se detuvo repentinamente, la mano izquierda asida al pasamanos y en la otra el cuchillo. Y sintió pánico, y sintió terror, y el sudor era cada vez más frío al verse a sí mismo frente a sí mismo en la puerta de la habitación del matrimonio con las manos ensangrentadas y el cuchillo completamente doblado, fijamente observándose, el uno frente al otro, y justamente unos momentos después de disponerse a entrar, tras haberlo pensado antes, en el dormitorio de la pareja en busca de alguna caja fuerte. Así lo refirió mientras lo interrogábamos.


EL PERRO DEL AGUA

Se miró en el río y se puso a ladrarle fieramente porque no podría atrapar el pez que defendía ese otro perro.


EL MAESTRO

Si logras abrir mi mano la moneda es tuya, y tras intentarlo una y otra vez sin recompensa, por mucho que se incendiaran sus ojos y le crujieran los dientes, le dijo con sencilla sabiduría, siguiendo su consejo. Por favor. Y la mano se abrió como una rosa despierta ante sus ojos. ¿Has visto que era fácil? Y el otro sonrió con ironía. Has hecho trampas. Y hubo un suspiro y también un silencio, apenas perceptibles para el niño.

viernes 14 de agosto de 2009


EL CANGREJO QUE QUISO SER UN PÁJARO

No era como los demás, es más oscuro que los otros, le escuché
decir claramente a un pescador. Y allí estaba, al borde del acantilado, entre los amenazantes dientes de espuma de las olas mordiendo las gigantescas piedras, sin saber el porqué de tanto miedo. Y en ese justo instante lo atrapó un gran albatros por el pico, pero se le escapó, incomprensiblemente, y fue así como aprendió a volar por un momento solo. Si hubiera visto alguien cómo brilló en el mar, como un pequeño eclipse, su fiel caparazón verde esmeralda.

LA PRUEBA DE SU AMOR

A Lola (y a Iván), en el día de su cumpleaños


Ahí estaban los dos, contemplando el cuadro de ese desconocido que fue nadie alguna vez. Era un desierto sin fin con una rosa azul como un punto y seguido en la mismísima línea horizontal donde parecen juntarse el cielo y la tierra, y que apuntaba hacia quién sabe dónde. El lienzo, de quién sabe quién, tenía su origen, o eso creían las autoridades de la galería, en un lugar lejano del Oriente Medio que solo Alá conoce, y que nunca pudo descifrar ningún experto en Arte. Y de repente ella, quién sabe cómo ni por qué, porque la eternidad cabe en segundos, le entregó a su pareja la flor de su mano y narró ante sus ojos como espejos todo aquello que habían visto los suyos mientras sus dedos azules se desrosaban. Y huyeron para siempre hacia el remoto origen de los sueños, donde se cumple el horizonte, dejando tras de sí aquella interminable ristra de huellas a su espalda que luego borró el aire.
Cuando las descubrieron, los responsables de la exposición no supieron explicar por qué había noventa y seis manchas azules en el suelo de mármol de la sala.

jueves 13 de agosto de 2009


EN PRINCIPIO EL PAN NO ENTRA EN SUS PLANES

¿Qué hora es? Las dos y media. Joder, mira que te lo he dicho, se hace tarde, ve por el pan, anda, tú que ya estás vestido, solo es una calle. Yo no voy a ir, ve tú que llevas toda la mañana ahí sentado. Sentado, no (ya sé por dónde vas); he estado haciendo cosas, ocupado, ocupadísimo escribiendo, corriendo entre palabras sin apenas descanso, ni siquiera he desayunado, aparte de un par de cigarrillos. Ya saltó el escritor... Y más que va a saltar, lo que está claro es que si yo hago el almuerzo, tú consigues el pan: reparto de tareas simplemente, empate a uno, sin entrar en otras cuestiones de equivalencias o equidad, creo que es justo, ¿no? Iré por el pan, pero por el mío, y a mí no me hagas la comida, ya me la haré yo. ¿No te parece absurdo que hagamos lo mismo dos veces, cuando ya estaba asumido que lo haría yo? Te parecerá absurdo a ti, lo único que sé es que has tenido toda la mañana para hacerlo. Mira, si atacas lo que soy, lo único que soy, sí, lo único que soy, ya te lo puedes meter en la cabeza, me defenderé con todas las uñas y todos los dientes que tengo, por ahí no paso, es innegociable, mi Obra es sagrada, sí, como lo erais vosotros antes de que me obligarais con vuestra soberbia envidiosa a sacrificaros, ¿te acuerdas de cuando defendiste a papá tras darme un rastrero puñetazo?, yo lo hice todo por el amor de ella. Vaya con lo que sale ahora... Sí, porque a riesgo de equivocarme, no puede ser de otro modo son cosas de familia, joder, de familia maldita, eso está claro. Tú nunca la entendiste, por eso te dejó, no luchaste por ella en ningún momento como ella quería, me lo confesó ella misma no hace mucho, tu lucha no era más que de intenciones y ésa fue tu perdición, que no quisiste satisfacerla. ¿Cómo? ¡Qué coño sabrás tú, cómo te atreves, no seas miserable! (...). Tras haber estado siete años en el Tíbet creo yo que tendré al menos una ligera idea, ligerita, si quieres, de lo que es el Tíbet, ¿no?, no me negarás que al menos sé lo que no es, y lo que no ha sido conmigo es ni justa ni sincera. (...). ¡No me cuentes películas que ni siquiera has visto! (...). ¡Si ayer mismo me dijiste que su boca más que palabras escupía mentiras, infames mentiras! (...). Pero si me dijiste igual que antes que malgastar una bala sería mejor obligarla a punta de pistola a morderse la lengua, que con eso bastaría me dijiste, o algo así. (...). ¡Y ahora la crees, hipócrita (y hermano al mismo tiempo)! (...). ¡Cómo te atreves a arrojarme esas miserias! (...). Sólo yo sé lo que he pasado a su lado, pese a todo los esfuerzos, porque hice lo que pude, objetivamente, y eso no me lo negará nadie, y está claro y no te lo niego y tampoco a ella que me juzga por no saber satisfacerla, y me duele a mí más que a ella, está clarísimo, que ya está entre otros brazos, los suyos, que encima era y sigue, ¡joder!, siendo mi mejor amigo, mi único amigo, porque ha quedado claro a estas alturas, y me duele a mí más que a nadie, que no tengo otra cosa en la vida que buenas intenciones, ¡joder, por qué no sé hacer daño? (...). Una pequeña venganza siempre es más humana que ninguna. (...). ¡Cómo duele! (...). ¡No sabes cómo duele! (...). Tuvo buenas razones, las mejores, para dejarme por otro, lo nuestro estaba roto desde hace tiempo, podía haber sido cualquiera, como me dijo, y por qué él entonces. (...). Pero no es el caso ahora, tan solo espero que ella juzgue mis intenciones solamente, es lo único que le pido porque es lo único que me debe. (...). Solo eso. (...). ¡Putas lágrimas! (...). ¡No quiero, no puedo llorar más! (...). No supe satisfacerla, sí, no le negaré jamás esa razón, porque es suya y es cierta, nunca fue feliz conmigo, pero lo intenté con todo lo que soy, que no es gran cosa por lo que ella me dijo cada vez que podía y también te dijo no hace mucho, ¡cabrón hijo de puta (hermano pocas veces)!, me debes el respeto de haberte perdonado que te metieras en su cama mientras yo estaba en la mía, ¿te acuerdas?, hecho un monstruo de lágrimas, ¿te acuerdas?, manchado por la pena tantas veces a lo largo del cuerpo, ¿te acuerdas, cabrón, de aquella fiebre y de aquella varicela galopante que llamasteis destino aquella vez? (...). ¡Cabrón hijo de puta! (...). ¡Yo te había perdonado hasta este instante que quiero como nunca reprochártelo, porque me debes respeto! (...). ¡No pienso llorar más! (...). ¡Solo quiero... que tengáis clarísimo... que no voy a permitir otra vez... que piséis con saña el único jardín... que poseo! (...). ¡Porque os sacrificaré otra vez, ya que sois los mismos que nos jodisteis tantas veces! (...). ¡Ahora lo sé! (...). ¡Y si lo hice por amor... dime tú que no haré por mi Obra... que es lo único que soy, lo primero y último que soy! (...). (...). (...). Está más que claro que ésta ya no es mi casa, y ya sé que no lo decís, pero me lo hacéis sentir cada vez que podéis, y sé de sobras, no hace falta que lo digas, que es el precio que tengo que pagar por ser un cobarde y querer volver a salvar no sé qué cenizas cuando las cenizas, como la mierda, no piden más que ser removidas. (...). Es imposible esperar otra cosa, nunca creció una flor en el cemento. (...). No debí volver jamás después de la ruptura, aunque creo que aún no es del todo tarde para buscar el pan (mi pan, ahora sí) en otro sitio.

miércoles 12 de agosto de 2009


MI BESO FANTASMA

Alicia y Beatriz, las únicas parejas que tuve y tendré, refieren la historia. Los médicos lo intentaron inútilmente. Acaso a estos intentos siguieron otros, pero no me es posible ahora mismo evocarlos. Algún tiempo después, la bella Beatriz, tras un larguísimo viaje por todas las islas de la Tierra, me habló de un aborigen de ojos amarillos en la celeste Haití que bien podía tenerlos. Eran idénticos, creyó reconocer ella que tanto los besó con el inoxidable carmín de la memoria. Pero no quiero inventar lo que no sé, y la pequeña Alicia quiere dar fin a mis interminables amarguras, como sin entenderme, jurándome por todos los dioses de las selvas vírgenes bajo el ancho sol que desde que perdí mis labios (el de abajo y el de arriba, el grande y el pequeño, el rojo y el rosáceo) en un accidente de motocicleta su presencia es más real. Y es ahí cuando sus labios se detienen, tal vez porque los otros ya se habían detenido.

martes 11 de agosto de 2009


EL INFALIBLE AZAR O AUTORRETRATO DE UNA DESCONOCIDA

Los cabalistas leían las Escrituras con la convicción de que cada palabra del Pentateuco tiene seiscientos mil rostros o planos de significación distintos. De igual forma, mi octogenaria madre lee –o más que leer se lo imagina– su remoto álbum de fotografías con la terrible verdad de que cada una de ellas guarda para siempre las conversaciones que ya no son posibles. Los ancianos que esperan callados una cita que hace mucho tiempo dejaron pasar. El sol, alzado como la hipérbole más conmovedora, sobre el bronceado cuerpo de Ulises en la arena de la mítica Ilión. La noche en que lanzó el cigarrillo a medio apagar no podía imaginarse que aquella quemadura soldaría sus huesos en la forjada jaula del deseo hasta que no fueran más que un montón de vulgares cenizas tal vez enamoradas, como una asociación de ideas, como la percepción del humo en el horizonte y después del campo incendiado y después del cigarrillo a medio apagar que produjo la quemazón en la mano del hombre y del destino. Lo que sí era evidente es que incendiamos Troya de otro modo. Sin embargo, en esas estampas que el tiempo amarillea con pies ligeros y a paso de tortuga, no hay nada absolutamente que nos permita pensar que el encuentro entre Penélope y Ulises durará mas de un par de horas, que es el tiempo de una cena o sencillamente el mismo margen para dar un paseo por cualquier bulevar encendido mientras contemplamos la luna ponerse tras tantas azoteas de la ciudad dichosa. Ella se pregunta a veces, mientras un débil sollozo escapa de su mejilla, qué debe haber realmente más allá de los infalibles azares de su larga existencia. Es fragrante y palmario que no hay nada más que esfuerzo y sacrificio según refiere la filosofía olímpica que en su momento trató de difundir el barón de Coubertin, aunque también dijera que lo más importante para él era participar, sencillamente. Y ya se sabe que donde hay esfuerzo y sacrificio, hasta puede que halla amor y perdure la fortuna. Aunque también es claro que el infalible azar le viene enorme al hombre, y también a la mujer, porque no está hecha la miel para la boca del asno, se repite ella insistentemente porque apenas es capaz de reconocer ya su autorretrato. Es el tiempo que pasa como un vulgar amante por su cuerpo inmóvil mientras que el suero cae como un reloj de arena. Pero es posible que participar siga siendo lo más importante.

lunes 10 de agosto de 2009


SE NECESITAN ÁNGELES

Todo iba bien, o más o menos bien. Apagar un incendio siempre es un milagro, o lo parece, ya que nunca se sabe en qué otro momento pueden reanudar la guerra las descorazonadas cenizas. Pero el incendio estaba maniatado, bien maniatado, tras haber hecho vudú con las estancias. Habían logrado milagrosamente desdibujar el fuego y enterrar bajo el agua de las exhaustas mangueras las
incansables llamaradas de aquellas horas infernales. Y milagrosamente, sí, habían rescatado de una vez por todas a casi todos los niños y niñas encerrados en la escuela sin tener que lamentar afortunadamente ningún espantoso contratiempo, solo algunos heridos sin mayor importancia. Y digo a casi todos porque se estaba a la espera de que apareciese el único niño del que no se sabía nada a esas alturas, según el recuento de asistencia a clase de ese día. La desesperanza a esas alturas de los acontecimientos se sumaba a la cada vez más enervante angustia que destemplaba los ojos de todos los presentes bajo el asfixiante humo que a esas alturas rodeaba ya oscuramente hasta los menores detalles de sus abatidas existencias. Y la impresión general, perdidos como estaban entre tantas e inútiles especulaciones nerviosas, era que se debía de tratar probablemente del pequeño Dante, que no pudo o no supo escapar del laboratorio de química en el que habían estado haciendo pruebas con el fuego y en donde tuvo su origen la explosión.

Horas más tardes, la brigada 777 del cuerpo de bomberos halló en penosas condiciones, pero con pulso y con aliento todavía, al último superviviente del tempestuoso incendio declarado hacía ahora seis horas y seis minutos y seis segundos –como cuenta el riguroso informe–, que sobrevivió sin duda al ponerse a resguardo en una vieja cámara de refrigeración sin uso, que fue algo así como un ataúd para la vida o una balsa en la que cruzar el infierno. Pero terriblemente, unos minutos antes, y tras retirar un sinfín de escombros y cenizas que lo habían sepultado por completo, se halló también sobre la cámara, asegurando la puerta del refrigerador (nos contó después el pequeño Dante, tras intentar sin éxito otras salidas), el cadáver de un compañero de brigada al que nadie había podido en modo alguno echar de menos ese día porque hacía ya unos meses que no pudieron hacer otra cosa que darlo por desaparecido en otro incendio y en unas más que oscuras circunstancias, sin que la pertinente investigación policial arrojase ninguna luz sobre el insólito caso. Desde aquel fatídico suceso, nunca se supo más de él, igual que si se lo hubiese tragado la tierra o quién sabe si el mismísimo fuego. Su nombre era Virgilio, buzo del fuego, el mismo que se había abierto paso a nado entre las llamas, y estaba claro que las húmedas mantas extendidas como si fueran dos inmensas alas de agua bajo el fuego no pudieron proteger su vida.

Un año después, y justo antes de la demolición de la escuela, entre los muchos cascotes y las muchas ruinas que conquistaron por doquier el desolado edificio, un pequeño grupo de jóvenes estudiantes en prácticas de la Facultad de Periodismo, que llevaba a cabo un reportaje en el lugar de los hechos, hizo cuando menos un curioso hallazgo en una de las paredes de la escalera que conducía a aquel infierno de ahora hacía un año. En la pared podía leerse, entre otras cosas nada extrañas, una suerte de anuncios sentenciosos o mensajes por palabras como funestas maldiciones, Cuando las barbas del Diablo veas quemar, Fuego somos y en fuego nos convertiremos, Pero el agua afeita el fuego, y allí también se descifraba entonces, como un grito de vida y de esperanza, y con una linda caligrafía celeste, Se necesitan ángeles, imprescindible experiencia en el infierno.

domingo 9 de agosto de 2009


EL PERRO DEL GERIÁTRICO

Dicen mis nietas cuando me visitan que crecemos tan rápido, tanto y tanto que como dice papá a veces nos pasamos de la raya y hay que volver de nuevo a la casilla de inicio, y es así como me hacen ver a su manera por qué dejé de jugar con las cosas reales y me puse
otra vez a hacerlo con las imaginarias.

Y debido a mi poco saludable agitación de las últimas noches, porque lo notaba mustio y algo intuitivo, la enfermera me ha instado repetidamente a que lo tenga lejos de mi alcance. Y solo y triste y viejo lo oigo ladrar en el pasillo sin saber cuáles son sus verdaderas motivaciones. Quizás eche de menos él también las visitas de mis encantadoras nietas.

LAS ARMAS Y LOS SUEÑOS

Tras sus derrotas en Gránico y en Issos y en Arbela, la leyenda sabe que no fue asesinado por su sátrapa Besos cuando huía, sino que en una de las primeras noches que le brindó el otoño bajo la media luna de septiembre –en el año 331 antes de Cristo– Darío III, rey de todas las fortunas de Persia, poseedor de sueños temerarios, había de soñar que en un preciso instante de su lucha contra los ejércitos de Grecia en la laboriosa llanura de Gaugamela, en la Alta Mesopotamia, se quedaría dormido entre la Historia y el fin durante un corto tiempo, aunque lo suficientemente largo para soñar con la terrible mirada del macedonio, “como un campo incendiado”, escribirían luego autores clásicos, acaso porque nunca lo habían conocido.

Al despertar, la espada de Alejandro brillaba en su cuello entre los hilos de sangre de quien no ha de ver el nuevo día. Pero de pronto Darío Codomano pudo saber ya sin asombro que había sido todo bajo el sol como un grandioso sueño con un millón de infantes y cien mil jinetes y doscientos carros con hoces afiladas en las ruedas, asegura Arriano en la Anábasis. Y con una inesperada celeridad, se enfrentó a dos grandes espejos que custodiaban su cama y sus ojos relucían como monedas en el fondo de un río, mientras el Magnánimo, cuyo nombre se puede traducir por El Protector del Hombre, le aplicaba en la frente un paño húmedo y unos besos con lástima en los labios.

No solo el garante impuesto por los dioses tiene en su mano las dos llaves del ilimitado Perdón y del infinito Castigo, pero ya no importaba. Nueve meses después, tras otro amanecer idéntico al de entonces, y en contra del amor tempestuoso y las enarboladas pasiones y los tremendos delirios del rey de Babilonia, discípulo de Aristóteles, nadie pudo evitar que la daga se hundiera en el indefenso vientre del último campeón de la dinastía aqueménida.

Desde aquel día, y sin calor de nadie y sin consuelo, herido en la peor de las batallas, se le ve caminar entre las lanzas y escudos de sus ansiosos generales, a izquierda y a derecha, como una vulgar aparición, así los enemigos de Grecia pueden ver por fin el rostro de Alejandro, otrora el Grande, el que había franqueado el Eúfrates y el Tigris, y abierto el mundo de su tiempo y el bravo corazón de cuantos con él fueron al Asia, y hoy tan solo el que ha depuesto las armas y los sueños tras llegar al fin trágicamente su solaz amoroso con el persa. No era esto lo que yo pretendía.

sábado 8 de agosto de 2009


EL PÁJARO Y EL GATO DE PAUL KLEE

Sus ojos eran dos cuchillos, el cuerpo estaba tenso como un arco. Saltó de pronto, y sus garras brillaron amarillas, y un bullicio de plumas enturbió el aire de la estancia del maestro, que concluyó enseguida que cuanto más suave es la pincelada más penetrante resulta, igual que un dulce roce. No volvería a acariciarle sus pequeños ojos con el pincel manchado por el oro, el color que más odian los felinos.

miércoles 29 de julio de 2009


LOS ANTAGONISTAS

La del alba sería cuando Aquiles, mi gato persa dorado y sombrío, acabó con la vida de su antagonista –el pájaro de mi novia, un pizón cebra diamante– clavándole una de sus garras con decisión y astucia en la base del cuello. Pequeñísimo, me parecía ahora entre sus afiladas uñas. Estoy seguro de que Aquiles se sirvió del único lugar desprotegido por su armadura, quiero decir, de la indefensa jaula, ahora lo sé, que yo había apoyado sobre el suelo para limpiarla. Y no quiero recobrar en estas líneas la lacerada imagen de Héctor ya vencido.

Si hubierais visto las lágrimas de Helena al enterarse: eran insufribles, como dicen que fueron los sollozos de Hécuba al ver a su amada criatura asida por los tobillos al carro de Aquiles. Nunca entendió por qué no recuperé los restos de Héctor, domador de silencios para siempre (él que apenas cantaba). Fui torpe y fui también cobarde, y la prueba de ello es que me cuesta confesarlo. Pero cómo enfrentarme a la cólera de Aquiles, el de los ojos ardiendo como faros, tras rechazar el griego cualquier trato de honrar el cadáver de su víctima.

Y es cierto que no es aventurado pensar que Aquiles
(ese regalo de los dioses que me hizo mi padre adoptivo hacía unos años como un arma –me dijo él- contra la soledad) es el único motivo de mis renovadas soledades. Yo sé que nunca le gustó a Helena, ni a ninguna otra. Y en contra de lo que pudo narrar Homero, igual sé que Aquiles jamás fue o será amado por mujer alguna. Incluso estoy pensando seriamente en sacrificar de una vez por todas la razón de mi infortunio y comprarme una lira con que paliar la ausencia de mi amada. Pero cómo enfrentarme a los ojos de Aquiles, tan brillantes y homicidas, yo que no supe renunciar a nada en nombre del amor. Me pregunto qué hubiera dicho Homero.

viernes 24 de julio de 2009


LOS DÍAS DE CRONISTA

Cuando los guerreros de Alá cruzaron el Estrecho por primera vez no pudieron contener sus lágrimas al saberse al fin en el Paraíso, entre el fuego y las flechas enemigas llegadas del Infierno de quien ve amenazados su paz y territorio.
“A la luz de la sangre, al-Ándalus es más verde”, dijo con dulzura Táriq Ibn Ziyad,
montado sobre el caballo negro de la desolación, a una de sus bellísimas huríes.

jueves 23 de julio de 2009


EL AVIADOR

Cuando el viejo se durmió con el libro entre sus manos no podía imaginarse que Wolfram von Richthofen, Jefe de Estado Mayor de la Legión Cóndor durante la Guerra Civil Española, instaría de nuevo a sus hombres a que se olvidaran del juego limpio entre las nubes porque allá arriba no había héroes: solo víctimas y verdugos.

A la mañana siguiente, después de la batalla, el sol brilla con fuerza sobre los edificios en ruinas y el ingrávido polvo de las calles, iluminándole el pecho igual que una medalla bajo un cielo difícilmente azul. Y el mito de la caballería de las nubes y los caballeros del aire se esfuma de sus ojos y de su voz porque ha alcanzado a ver que hay enemigos que son inmortales y tal vez los aliados no vengan jamás a seguir una lucha a la que no sobrevivieron. Es entonces cuando el viejo arroja el libro como una granada de mano contra la realidad, mientras la enfermera le pasa como siempre sus dedos por el rostro humedecido.

miércoles 15 de julio de 2009



LA CARTA QUE NUNCA ESCRIBIRÉ

... motín del horizonte, pan de la aurora...
Joaquín Sabina

I

Resulta inevitable hablar de amor.

Yo prometo ser bueno.
Tú podrías dejar de ser tan mala.

Sé que en mi corazón, patio de cárcel,

hay piedras que hablan solas.

II

Me tocaron tus ojos como dos buenas cartas
que jugué con los míos sin ambición ninguna,
en contra de la suerte. Una vez más,

me miras. Son tus ojos
dos charcos aburridos donde no salta nadie.
Tatuados en ellos tus diecinueve años,
el tiempo, ese aliado que conozco de siempre,
tiene el viento en la suelas
y el corazón intacto en un rincón pequeño
que en pocas ocasiones hemos llamado vida.

Hoy solo sé,
sin que nadie me escuche,
que soy ese lugar que olvidaremos
esperando que vuelvan días mejores.
Pero si no volvieran,
tú que trucas la luna como un dado envidioso
reinventando sin suerte el sabor de la culpa,
acuérdate de mí, que siento envidia
del agua de la ducha
que brinda con tu piel mientras aplaude.

Te conocí en abril, adicto yo a tus ojos
y a tu risa –que no le sobra un gramo–,
y amar no era una forma del verbo fracasar.

Hablo de aquellos ojos

como quien habla de fantasmas.
En tu mirada –hoy– hay flores muertas.
Sembrado está de minas tu silencio
y yo en tu corazón sigo metido
como una marioneta en una caja.

Quise olvidar la vida,
esa huella cansada del beso que no he dado.
Nos duele amar, lo sé;
duele también no hacerlo.
Y hay caminos que guardan los pasos que no dimos
como el labio contiene la palabra no dicha.
Todas las noches eran distintas en tu boca.
Yo apretaba los dientes pensando en desnudarte,
sin pedirte permiso, sin preguntarte nada.
Pero a veces ocurre… ¡Amar es tan difícil!
"Ni lo intentes", decías. Y hay olor a tristeza
entre todas las sábanas y los labios sin eco.
Y al reloj se le olvidan las horas que buscábamos.

Es la traición
como un tiro que hiere
a quien dispara.
La vida es fea.
Mejor cierra los ojos
conmigo dentro.
No sabes cuántas veces
han cedido mis labios, temerosos,
mojados de tus labios
en el agua bendita de tu sexo,
empapado de sol…
En tu pequeño corazón de niña
doy señales de vida.
Y cabe la esperanza de volver
a hablar con mis juguetes,
a agujerear la goma de borrar a preguntas.

La luna insomne en el jardín sin luz
invita a la nostalgia.
Y es más fácil saber.
Yo solo sé de ti cuando te beso
y es el sol en tus labios como una mandarina,
ese reflejo anaranjado
de mi boca sin ti al recordarte.

¿Vivir sin ti?
Tal vez sí pueda, amor, pero no quiero.
En tus ojos sin paz se mueren las palomas.
Ya sé que nos esperan
cientos de amores en el mundo,
pero también lo sabes: nunca el mismo dos veces.
La vida es lo que pasa
mientras el agua de la ducha
se va por la rejilla.

Cuesta soltar amarras,

no digamos remar al horizonte,
a ese sol que salpica con su luz insumisa
hasta torcer las sombras.
La vida cambia a cada paso
y a veces toca fondo.
Y no es la realidad una buena metáfora.

He cerrado los libros, he roto los espejos…
No conozco otra cosa que el rojo de tus labios.
Ya no miro la noche pasar por tu desnudo
ni buscaré tu hombro como quien va a la luna
en esta madrugada que me sé de memoria.
¿Por qué el amanecer no promete un comienzo
y la esperanza es solo insolación?

El hombre solo acepta lo que puede explicar.
¿No representa eso lo que ambos despreciamos?
Los amantes que pasan
con la complicidad de las agujas
del tiempo que encerramos bajo el cristal más frío.

No llueve y no es domingo.
El sol es una aguja ensartada de oro,
motín del horizonte, pan de la aurora.
Una puerta de paz
para la que no existe llave.
La vida, ese cartero que no llama dos veces.

Yo ya no seré yo cuando te vayas.
Tú ya no serás tú a partir de entonces.

III

Por fin logro entender por qué los peces
reclaman como propio un barco hundido.

martes 14 de julio de 2009


POEMAS BAJO LA LLUVIA

I

Alguien detrás...
_____________¿Era la lluvia
siguiéndome los pasos?
… Y sus huellas tenían
la forma de mis huellas.
Entonces me asusté.
Salí corriendo.
Y siempre me alcanzaba.


II

En una mano
reverbera la lluvia:
trozo de vidrio.


III

Lluvia hecha añicos...
Solo conoce el mar
tanto dolor.

IV

Y, cuerpo a cuerpo,
el agua entra en el agua.
Lluvia y más lluvia.

V

Haz de la lluvia
ese charco de abril
que todos pisan.


VI

Te beso y llueve.
Y la lluvia se filtra
entre las grietas.

VII

Día de lluvia.
El rojo de tus labios
no es el mismo.

VIII

Dejó la lluvia
senderos empapados
hasta el tacón.

IX

La lluvia cae
en el reloj de agua.
París sin tiempo.

X

Tomas mi llanto.
¡De ti, de ti lo cercas...!

Solo es un clínex.

domingo 5 de julio de 2009


Ilustración de Roberto L´Hotelleríe López

EXPRESIÓN GRÁFICA

Dibujar es decir con la voz de la línea...
L. Ch.

Amor,
hoy te desnudo
y escribo en tus pezones
sobre el arte minúsculo del punto.

De tu piel
sobre el plano de las sábanas,
perfilo con el lápiz de mi tacto
la caricia que quiere ser papel
o quiere ser madera o ser metal
en los bordes o esquinas de tu cuerpo...

¡Iníciame en el arte del dibujo!

... Dibujar es decir con todo el beso,
con la voz de la línea de tus labios.
Y el beso que me das y que te doy
es la mínima forma del amor...

... que hace de nosotros
un círculo vicioso.

sábado 4 de julio de 2009



MADE IN MOON

En mitad del silencio, en una calle,
de pie sobre la noche,
mientras miras la luna...

Y yo me quedo en blanco
de mirar tu desnudo.



Suena el despertador, pero más fuerte
suena la soledad que me despierta.

En la cama vacía,
no quiero hacer metáforas
de la desolación.

Llevo en la boca
la memoria del beso
que no he dado.

sábado 13 de junio de 2009


SEÑALES DE VIDA

Puedo decir que sigo vivo,
que aún soy partidario de las noches
que son igual que arenas movedizas.
Y quizás te sorprendas
de que
siga tu llave debajo de la alfombra,
como si fuera ayer, cuando aún estabas
y no era necesario inventarse otros nombres.
Pero es tarde y la duda como un bolsillo roto.

Y aunque puedo decir que sigo vivo,
aún no soy partidario de otras manos
como cajas sorpresas, caricias de cartón,
o una fiesta de espuma en el infierno.
Yo aún escribo tu nombre en las paredes
del metro de París todas las tardes
y no quiero olvidar ese escondite
con el dolor con que se olvida
todo lo que se ama.

En mis ojos aún hay jirones de verano
y sábanas revueltas, como tú las dejaste.
Y es ahí donde quiero que te quedes.
Ayer quise blindarme las retinas
jugando al escondite con todos tus recuerdos.
Leí todos tus libros, oí todos tus discos
y, por última vez, hice tus crucigramas.
Y descolgué el teléfono lo mismo que una soga
y llamé a cualquier parte de este mundo
donde no estabas tú.

No olvides que te espero
con el café de todas las mañanas
y el malhumor de algunos días.
Pero quiero creer que sigo vivo,
que todo amor se dice humildemente:
¿Me pasas, cuando acabes, el periódico,
los puntos y las comas, las palabras
que miraron tus ojos, tan atentos?
Yo quiero ser tu libro subrayado.
Yo quiero ser esa libreta escrita
que está sobre tus cosas.

Quiero creer que sigo vivo,
que aún soy partidario de las noches de espera.
Por eso desordeno papeles mientras sueño,
pienso en el agua inevitable
que cae de las manos, se desliza
entre los dedos, entre tanto y todo,
coloreo la paz con rosas inflamables,
y me lleno los ojos
de acróbatas, payasos y dragones,
y el fuego patalea entre las sábanas
si me acuerdo de ti, que estás despierta
como una ducha fría.

Y sé que tienes miedo, y mentirías
si dijeses que no,
que no hay poder en este mundo
que pueda separarnos.
Hay tanto de que hablar...
¿Por qué el amor nos hiere de tan diversas formas:
en un rincón vacío o entre la multitud,
como tú y yo sabemos?
Ya no sé si eras buena o si eras mala,
pero sé que sí fuiste
la única persona que me quiso.
Apenas queda nada que decir.
Hemos llegado tarde a tantos besos.

Espero sin querer
lo que viene después de lo peor,
que es no esperar nada.
Gracias por permitirme
amarte de la forma en que te amo.
Ya sabes que estoy bien:
puedo contar contigo
donde los sueños huelen a goma de borrar
y la vida no tiene olor a tiza.
A veces las palabras
duelen más que los hechos
y aguardo, de una vez por todas, que me invites
a eso que me debes desde aquel primer día
como un mal necesario.

Mi espejo no refleja tu distancia.
Y hay ropa amontonada en el cajón
más allá de tu cuerpo y tantas cosas.
Procura ser feliz -lo prometiste-,
que yo procuraré
ser un mal que mañana no recuerdes.
Mi alma es una puerta oxidada, en desuso;
un somier sin sonido, el corazón.
Tú eres la tinta y yo un renglón torcido
en la página en blanco de la cama.
Corta la rosa
y que tus labios caigan
sobre los míos.
Bésame con la intensidad del reo
que ya no tiene nada que perder.

Puedo decir que sigo vivo,
que aún soy partidario de todos tus desnudos,
pese a ser propiedad privada de otras manos,
de cometas fugaces como contradicciones,
de la lluvia que tiene mirada inquisitiva.
Me dice que fue un sueño -bien lo sabes-,
la soledad me grita que no estás,
que te tengo tan cerca de lo que está tan lejos
que ya solo me quedan las palabras,
aquellas que el amor me ha recordado.
Quiero decir que sigo imaginándote
al doblar una esquina, al final de ese verso
que un día escribiré.
Cuando tú quieras.

P
orque todo es un sueño en esta vida
y despertar sin ti no es nunca una costumbre.

domingo 7 de junio de 2009

De Sin City, de Frank Miller

EL OTRO BARRIO*

*El poema está basado en la película Sin City

En el cielo un ángel no debe de tener nada de extraordinario.
Bernard Shaw

La noche es una puta que lloraba...

Oscuramente
el cielo como un puño
se cierra.
Y no alcanzo a entender
esta noche excesiva
y rubia y despiadada como el oro
que me acosa, la sucia recompensa
por hacer mi trabajo como sé.

Imagino otra noche,
lejos del cielo azul que nos ignora,
drogada por la lluvia, ante sus ojos,
y el instinto en la piel y el aguacero
sobre la mano abierta de las calles.
La noche se emborracha de sí misma.
Se desboca la lluvia,
nos enseña sus dientes como un arma:
sabe a lluvia su boca, a puñetazo
de agua y sangre, carmín que me recuerda
el de las otras víctimas.
La lluvia es solamente
la triste pincelada de algún pintor borracho.

Las sirenas se acercan.
Llegan a tiempo o demasiado tarde.
Empuño mi revólver
y le hago saber que no bromeo.
Me dice que se llama Nancy,
que es su último día de servicio.
Le digo que lo sé, que estoy al tanto,
sin que note lo mucho que me importa.
(¿Qué sería de ti si lo supieras?)
En sus palabras se traduce el miedo.
La duda como un virus que me asalta
me lleva de la mano hacia su boca.
Necesito un cigarro. Algo va mal.
No veo lo que quiero ver.
Me creo un tipo duro.
No puedo perdonarle la existencia.
Un asesino tiene que ser práctico.

No debería ser tan bella.
No debería mirarme de ese modo.
Huele como deben de oler los ángeles.

Y las cosas se tuercen.
No estoy en condiciones.
La vida no es tan fácil, viejo.
Y una buena pelea nunca es limpia.
¡Tengo que hacerme a esa idea!
El jefe no lo pasará por alto.
Y yo soy un asesino.
Me gano así la vida.
¡No significa nada para mí!
No significa nada...
_______________De repente
su cuerpo es una calle sin salida.

No debería ser tan bella.
No debería mirarme de ese modo.
Muerdo en su piel el polvo
y la belleza
tiene la madurez de una manzana
que conserva el sabor de los vencidos.
Ella baja la vista, ve la sangre,
y se mantiene inmóvil, sonriéndome,
y no sé si admirando
la paz y la esperanza de quien muere.
Y mueve la cabeza,
se echa el cabello atrás coquetamente.
Le digo que la adoro
(¿qué espero conseguir con eso?).
(-"Tenía que decírtelo, tenías que saberlo.
Y si todo lo malo que te pasó en tu vida
hizo de ti lo que eres hoy,
entonces doy las gracias
a lo que pudo haberte sucedido.")

Huele como deben de oler los ángeles,
como debió de oler el mundo el primer día.

Y no desaprovecha su ocasión.
La abrazo con la muerte.
La oscuridad se sube por mi espalda
como un arma gemela de su mano.
Mientras suena el silencio más ruidoso,
se siente poderosa apretando el gatillo
por quinta o sexta vez o...
Se abre paso a tiros por mis venas.

(Y estás llena de curvas como el agua
dibujando tu cuerpo suciamente
contra la dentellada de la lluvia.
Dos gatos negros saltan a mis ojos
desde el tejado de los tuyos.
Son catedrales góticas tus tacones de aguja bajo el agua;
tu boca, el espejismo de una rosa imposible.
)

Parece que tenemos compañía.
Y sabe que esa frase nunca es buena.
Y más tarde la pasma acordona el poema,
precinta las palabras,
la poesía, el barrio de las putas.
Bajo un indiferente cielo azul,
la muerte es una puta que lloraba
por mí.

Su ángel caído.

viernes 29 de mayo de 2009


LA SOLEDAD PRIMERA

Hoy
es tres de julio
y es
el día en que los dos nos separamos
después de tantos días
que hicimos el amor que ahora tenemos.

La despedida es solo una costumbre
que nos aguarda siempre en el verano
cuando termina el curso
y septiembre está lejos de nosotros.

Pero no es necesario
que me digas adiós mientras te alejas
camino del andén que nos divide,
porque ningún adiós es de verdad
—recuérdalo feliz, porque hablo en serio—,
si eres tú quien me ama.
___________________La tristeza
sabrá llenar de mí todas las cartas,
dibujar las palabras torpemente,
plantar la enredadera del teléfono
por la larga pared de las ausencias,
hasta mi voz lejana en tu lejano oído,
derramar el champán de los silencios
en homenaje a ti y a tus desnudos
en aras del amor cuando callábamos
al calor de las sombras. Bien lo sabes,
tendré otra vez que ahorrarle a la tristeza
–otra vez– mis pupilas nunca halladas
en la inefable lágrima del miedo
cuando me dejas solo y sin embargo
si no lloro por ti, estás más cerca.

Podrá la soledad
hacerse fuerte, caer sobre mis hombros
y convertir mi cama en un desierto
secando la humedad de nuestra piel
tatuada en cada sábana. Podrá la soledad
vaciarme las manos de caricias,
borrar tu última sangre de mis uñas,
desordenar la ropa, el turbio gesto
de las habitaciones. Pero sabes
que no podrá caer ni hacerse fuerte
sobre mi corazón su compañía
si eres tú quien me ama todo el tiempo
y yo te amo a ti todos los días
en esta soledad que compartimos
tal vez con la tristeza de los otros,
el dolor y la envidia de los otros
cuando nos piensan solos
y desnudos.

jueves 28 de mayo de 2009


PARA DECIR ADIÓS

Quiero ser familiar con todo esto.
J. A. Goytisolo

Me dices que tu avión sale a las cuatro,
que no es momento para despedidas.
Me has escrito una carta y mil razones
que explican los motivos de tu ausencia.
Y maldigo la mesa en que me apoyo
pronunciando tu nombre entre cristales.
Nunca podré explicarte, si te vas,
que no soy nada cuando soy sin ti.
Porque no hay amor
más allá de los límites,
ni realidad posible, que sea cierta.
Y, sin embargo, el miedo es suficiente,
la ingrata soledad es suficiente,
para decirme adiós una vez más,
para decir adiós definitivo.
Aquí, cuando te vayas, será todo,
alrededor de mí, un lugar recordado
de todo lo que fuimos mutuamente
para saber quién éramos tú y yo.
Cercado inútilmente por las cosas,
tu espacio y tu vacío y tu recuerdo,
lo miro todo:
indiferente todo.
Quiero ser familiar con todo esto. Pero
has escrito una fecha inevitable
que odiaré para siempre mientras viva
bajo la luz terrestre
de algún bar olvidado
en cualquier paradero de mi sombra.

Hoy no me muero sin decirte adónde voy,
porque dejo este mundo por buscarte.

miércoles 20 de mayo de 2009


TELÉFONO DE ALUDIDOS

Déjame que te llame
urgentemente
cada noche,
que mueva cada hilo
el aire del teléfono y la ausencia
para saber de ti
y de nosotros,
para que la distancia no sea lo que odiamos
y mi voz esté cerca de tu oído
y te diga “te quiero” para siempre
desnuda, algo más cerca
de todo lo que somos cuando amamos.

Pero esta noche todo está más lejos
y tu voz congelada
en el contestador. La soledad
atraviesa mis días, fácilmente
se viste con mi ropa y desayuna
tostadas con café en la misma mesa.

La sorprendo en el baño suciamente
tras cada amanecer con mis revistas
y me peina las canas que aún no tengo,
deja pañuelos blancos por la casa
que yo no necesito
y encorva cada vértebra del alma
en el espejo
vacío, sin memoria.

Ella es siempre la misma,
responde a muchos nombres,
y tiene tantas formas de llamarme
y tiene tantas formas de callarme
como muebles la ausencia
y días que recuerdas el verano.

No hay camino
que no me lleve a ti ni hay teléfono
que no contenga el ruido de tus labios
o los trazos ocultos de tu voz.

Dame tu voz,
que quiero con mi oído amordazarla,
oh sílfide en los aires telefónicos,
igual que está la brisa en tu vestido
de mi aliento inflamado suavemente
a través de las ondas,
de mi palabra eléctrica,
y lo toca despacio con tus dedos
y despacio lo enjoya de caricias,
que son también las mías. Y recuérdalo,
solo somos la noche que nos queda
después de cada día,
en el teléfono,
y estás tan cerca, amor, y estás tan lejos.

Telefónicamente solo,
suelto bandadas blancas de palabras
como tristes palomas
con destino a nosotros.
_________________De repente
eres la soledad,
____________de pronto eres
otro nombre que pronunciar a solas.

martes 5 de mayo de 2009


RETORNO A HANSALA*

*Inspirado en la película del mismo nombre

Piso la más que nunca dudosa luz del día.
Cada reloj del mundo
muestra una hora diferente y triste.
Ojalá que no hubiera amanecido nunca.
Es la muerte que habla con los ojos.
Porque está todo –como dice el dictum
tan cerca de mis ojos, tan lejos de mi vida.

Si lo que digo es cierto,
el alma es una carta con remite,
pero sin dirección.
Y su desnudo es tierra en tantos ojos
mezclado estrechamente con la muerte,
ese final tan lejos de su origen,
esa agua salada, ese segundo...

He ido tantas veces a ver el horizonte
a los pies de esta playa –al Sur del Paraíso–
con vistas a la muerte, ese naufragio
de Dios en mi mirada tantas veces.
No lo hubiera creído,
pero la muerte quiere parecerse al futuro,
sueño que en la distancia es tan brillante.

¿Has visto esta mañana
cómo aprietan los dientes los periódicos
con su duro castigo?
La esperanza no lleva chaleco salvavidas.
Y el silencio que dice lo que no puede oírse
me dice que su rostro podría ser cualquiera.
Silencio que lo es todo y no puede escucharse.

Comprenderás que hoy
el mundo no respira.
Que alguien –por favor- cierre sus ojos
blancos como linternas al borde de los míos,
cubra su piel satén petróleo con la manta.
Entra en mi corazón el mediodía
como un ahorcado en busca de su cuerda.

Son tantos los caminos trazados en los mapas,
que aún sueñan los hombres con los brazos abiertos
con hallar una tierra como un trozo de pan,
un pequeño lugar bajo otro sol,
y buscan dignidad para sus hijos.
Mientras tanto la sombra del crepúsculo
ensaya una sonrisa lamentable.

El sol besa su frente
entre todas las sombras todavía.
Y enseguida anochece.
Rachid no es otro nombre del destino.
Es repatriar la vida, ese cadáver,
un retorno a Hansala.

La muerte a cualquier hora del día o de la noche.

lunes 4 de mayo de 2009


AL PIERCING DE UNA CHICA

Prende mi boca el fósforo del beso,
que entre todas las sombras luz alcanza...
A los pies de tu lengua, cuando avanza
la noche a quemarropa hasta ese hueso
donde el amor no llega, brilla ileso,
ex convicto de ti, con la esperanza
de que el metal dulcísimo sea lanza
que muerda mi costado. Lo confieso.
Yo soy la paz contra tu boca en armas,
corazón de juguete que termina
clavado en tu metálico colmillo.
¿Es el amor el puzzle que desarmas?
¿Es un as, en la rosa, cada espina?
¿Perdió la vida acaso ese tornillo?

sábado 4 de abril de 2009


LA SOLEDAD

A Fernando Valverde, por los versos
que inspiraron el poema:

"Y recorrer al niño
que quiso parecerse al hombre que no ha sido.
Y cada noche verle llorar en los rincones.
Y cada noche oírle decir que lo sabía."

La soledad es este primer plano de la cama,
alguien que no te espera al salir de la ducha,
como mirar a nadie por el retrovisor,
silencio que no dice “Que tengas un buen día”.
Para que lo imagines
–ya casi puedes verlo–,
es esta calle que la lluvia pisotea,
que se pasea en círculo alrededor de mí.

La soledad parece este ángulo recto
entre el niño que quiso parecerse
al hombre que no ha sido y este hombre
que cada noche ves llorar en los rincones,
que cada noche oyes decir que lo sabía,
que quiere ser contigo mejor de lo que es.
Estas cuatro paredes detrás de las mentiras.
Una ciudad cualquiera al otro lado.


¿Te he dicho alguna vez
que te quiero sin dudas aunque me des la espalda?
Al recordarte llueve entre los dedos
mojándote los labios que no puedo besar.
Qué podría contarte,
que sabes el oficio de mi boca sin ti.
Se retuercen mis ojos como gatos sin noches,
se contagian de lágrimas suicidas.

Todos duermen,
silencio que haces daño porque te gusta hacerlo.
Son demasiadas noches solo y mío
para creer en alguien.
Pero también confieso que hubo días
en que estuve más solo que esta noche.
Indago en esta cama malgastada
para saber de ti… ¿Dónde te has ido?

Ni siquiera dejaste
una carta que no me atrevo a abrir,
la razón de otro día que pudiera salvarme.
Así son las promesas,
sin causa y sin sentido. Sin embargo,
espero, porque aún es posible esperarlo,
una llamada solo,
que mis oídos sean espejos de tu voz.

Y todo me conmueve.

Porque echarte de menos
no es tan distinto de rezar
en esta noche que no finge ser como las otras.




sesión de espiritismo

La muerte se diría
más viva que la vida
porque tú estás con ella.

Luis Cernuda

... se nos quedaba como sal en los ojos,
se nos quedaba dentro y desvelándonos...
Luis Rosales

Alguien dijo tu nombre
al ver pasar el tiempo en el espejo
de las fotografías.

_____________Apagamos las luces.
Solo la triste vela, sin sosiego,
contradecía la sombra.
Era un pequeño faro contra la oscuridad.

Nos cogimos las manos fuertemente
y pensamos en ti,

_______________en la súbita nieve
cayendo sobre un ojo hasta morderlo,
en esa mariposa, aún próxima a los labios,
del color de la muerte, de esa bala
a solas con tu vida, directa al corazón,
en ese abrazo gris de los retratos viejos,
penetrando en tu sueño con las cuencas vacías
antes de nuestro hallazgo, bajo la noche
antigua,
en la paz de otros mundos,
en la tabla redonda más allá de la luna:
los dedos sobre el vaso
y las letras dispuestas.

Rodeados de ti, habló el silencio,
esa voz inexacta que acecha en los pasillos,
que concluye en la ausencia,
en el cuarto sin vida, de baldosa a baldosa.
Y en esa habitación abandonada
de repente se oyó un ruido inerte,
acariciar las teclas una mano imposible
mientras cerraba el aire las ventanas
de improviso, la tapa del piano,
cuando solo la espera era posible
y el silencio aún más hondo que la muerte.

Bajo el reloj antiguo de la sala
marcando nuestra hora, los segundos más rojos
del miedo y la frialdad
con su hilo de agua resbalando en la piel,
con su aguja de hielo cruzando nuestros dientes,
vi otra vez la extraña presencia de la luna
caer sobre la noche como zarpa de lobo,
restos de oscuridad huyendo de la casa,
del pulso de madera que recobró tu nombre:
F - e - d - e - r - i - c - o,
como un débil cristal que la luz sacudía
al abrigo de un vaso que el frío
aún conserva
de la luz hecha añicos que atravesó el espejo.

Y me sentí tranquilo y algo triste.
Brilló en mi corazón, que no exigía nada,
una casa vacía y el disparo de un nombre,
como un pozo sin luna codiciable,
y el ángel de la noche saqueaba la luna
y la sombra de luz
de aquel vaso vacío como la carretera
de Viznar a Alfacar,
de aquel recuerdo igual que una bala de sangre.

Trajo callado el viento de pronto a nuestro coche
aquel olor a sangre y madrugada,
y un reflejo de cínicas estrellas y otros faros
sobre la sierra extraña sin tus manos de bronce
$tocando el sol sobre los muslos altos.
Era la luz multiplicada
de tanta noche con voluntad de cuchillo
y la mirada abierta y el corazón lejano
de otros compañeros en la muerte
vagando por la vida...

Nos quedamos callados
junto al lobo raquítico que masticaba el cielo,
contra la dentellada de otra luna menguante.
La noche tuvo alas de murciélago,
un rumor de caballos que detuvo la brisa,
y un zumbido de luna en los olivos
prendió la carretera del último verano,
cuando sin voz dijiste
a nuestro vera:

Tiene la luna
madurez de manzana
y de metáfora
.
Si parpadea,

del bosque de su ojo

cae la nieve.

Mira la nieve,

que para ti la sangre
es esa nieve.
Luna de agosto:
es la luz venenosa
blanca serpiente.
Pero no solo el fuego de la luna
o la mirada quieta del fusil
se nos quedaba como sal en los ojos,
se nos quedaba dentro y desvelándonos,
tatuaba la sombra contra mi corazón.
Los olivos tejieron su armadura de nieve,
su esqueleto de blanco escalofrío,
al despuntar la aurora
con filo de guadaña
que niega todavía la memoria,
y aquella voz de mando o el silencio de todo.

De repente sentí, en ese instante,
entre rosas fantasmas,

cómo unos dedos fríos me tocaban la mano.

martes 17 de marzo de 2009

blog.educastur.es/.../category/general/

He aquí el poema inaugural del "primer" poemario -Éxtasis era su título- que escribí hace ya algún tiempo. No recuerdo en qué cajón de mi memoria está olvidado el libro. Por lo demás, siempre pensé que la rosa era una suerte de Km 0 para la poesía. Pues eso.

LA ROSA: KILÓMETRO CERO


... claridad desde el agua sobre el agua
por el agua hacia el agua para el agua
contra el agua hasta el agua...
Antonio Carvajal


La rosa

se desrosa

y es dédalo de sábanas.

Esto es amor:
un algodón de azúcar
entre tus piernas.

No es el fin.
_________Es la noche

–frondosidad de cuerpos

en deuda con las llamas–

y el imposible amor
de beso a beso. En la callada sombra,
muy lejos de las sombras,
veneramos el vino, labio a labio
las palabras sinónimas del fuego
y el corazón en armas
contra la soledad.

_____________La luz oscuramente

se extrae como un perfume.

Y la rosa es un ring para los vientos:
se desrosa en el aire de las sábanas.
Y el aire, todo el aire,
está contaminado de tu cuerpo,
de la noche que hay bajo tu piel.

Y tu boca me busca,
diente a diente. De pronto te respiro,
te respiro sin prisa porque es aire
tu boca, que no sabe hacerme daño,
tu boca, que no duele porque es aire,

un indicio de zumo
y oxígeno de seda.

Seda en el acto, seda

del húmedo colmillo
penetrando en la piel mortal que se desboca.
Y enhebrada mi lengua

con hilo de tu aliento,

no quiero más que respirar tu boca,

no quiero más que estar bajo tus dientes.

El amor está siempre en el siguiente beso.

Y somos (desde el beso sobre el beso
por el beso hacia el beso para el beso
contra el beso hasta el beso)
la arquitectura efímera del beso.

Algo,
si es que algo queda

alguna vez o siempre
después de tantos besos,
será otra vez la vida: un accidente
de luces que deslumbran nuestra nada
y sombras demasiado conocidas.

domingo 22 de febrero de 2009


PASO DE PEATONES

Tú sigue al hombre solo que cruza la ciudad,
el paso de peatones que siempre es un poema.

No lo pierdas de vista.

Quiere volver, pero no sabe cómo.
Quiere seguir, pero no sabe adónde.
Y se muerde los labios hablándole al vacío.

Tal vez quiera decir que continúa amándote,
que no ha aprendido aún a ser feliz.
O hable del amor, del que vivisteis
todos los días, a esta misma hora,
el que no tiene nunca un mal principio,
el que a veces no guarda un buen final.

Y piensa en el adiós al declinar la tarde
como un pequeño faro contra la oscuridad.
Quizás porque el suicidio
es –ya lo viste otras veces–
una puerta que se abre sin llamar,
una botella rota, un mensaje perdido.

Piensa en tus ojos de juguete roto
y en tu húmedo traje, sentimental y rojo.
Su desnudo sabiendo de la lluvia
más de lo que la lluvia sabía de sí misma
cuando una noche halló lo que buscaba,
sin saber que buscaba.

Era el amor, lo que esperaba
sin saber que esperaba.
La noche más sencilla, con una voz pequeña,
a punto de cumplir los dieciséis,
la misma edad que entonces tenían mis poemas,
tan ligera de ropa lo mismo que la vida.

Y rojo es el carmín cuando te evoca
buscándote en las plazas y en las dudas,
este cariz que toma este remordimiento
al besarte despacio,
besarte en el rincón más silencioso,
en una esquina rota de su imaginación.

Porque sabe también
que hay noches imposibles,
se atreve a preguntar con los labios cerrados
por la calle cortada de los sueños
y tantos cuerpos que no podemos tocar,
tantas palabras que no sabemos decir.

Por eso es cruel besarte al mismo tiempo
que sabe del olvido sin una copa cerca,
sin nada que consuele su memoria,
nada más que la lluvia de repente,
mientras la vida silba y mira hacia otro lado.
Tiempo que no termina nunca.

No podrás evitar mientras te mojas
recordar cuántas veces te has sentido,
en una noche así,
igual que él.

Te veo bajar los ojos y en silencio
te oigo contar los pasos a tu casa.

No te pierdo de vista.

jueves 5 de febrero de 2009


COBIJO CONTRA LA TORMENTA

Y a la intemperie,
lejos de cualquier cosa parecida a un refugio.
Javier Cánaves

Un paisaje que asiente lo que dices
con la ebriedad del viento
entre las copas rotas de noviembre
con lágrimas y sauces algo antiguos
después de las palabras,
de ese temblor de mano melancólica
al agarrar mi mano,
contagiándome el frío de ese último beso
de amistad que es amor, pero sin alas.

Hoy no quiero pensar si la esperanza
prolonga el sufrimiento
del que ama de frente y da la espalda
al imposible amor,
como una puerta que no cierra bien
por la que pasa el alfiler del frío
a los ojos enfermos de belleza
de quien no toma nota de su miedo
y se mira al espejo –nada más levantarse–
que el amor hiere a veces y la esperanza.

Necesito decirte seriamente,
pero en el mismo banco
del parque donde ahora se abraza una pareja
mientras él se decide a besarla despacio,
con las pocas palabras que no te dije entonces,
sin la lluvia astillada de aquel día,
cuando nos conocimos,
decirte por primera vez
bajo este cielo abierto y sin cicatrizar,
que me abraces más fuerte antes de irte,
que aún pueda recordarte al olvidar quién eres.

Y es el atardecer igual que un puñetazo
que rompe la mandíbula del cielo.
Y a la intemperie dices,
lejos de cualquier cosa parecida a un refugio:
"Que el verano no acabe con nosotros".
Y sé que es el momento
de acercarme a esos labios,

donde nada es mentira
y sin embargo todo parece un largo sueño,
que nuestro beso llegue a madurar despacio,
pensando en otra vida
que podemos llamar adversidad.

miércoles 24 de diciembre de 2008


EL RETROVISOR

Por si el coche no quiere ya arrancar
después de que te bajes –una noche de estas–
del corazón que puso el tuyo en marcha,
cuenta las calles –¡todas!– hasta llegar conmigo
a un nuevo amanecer, ese semáforo
donde te beso al borde de no hacerlo
con la mitad de ganas con que lo haré mañana,
como si el verde fuese
una última forma de esperanza.

Pero mi amor de urgencia y tus frívolos labios
son de usar y tirar, igual que este papel,
en cualquier callejón al margen del futuro,
en las noches escritas de modo artificial,
sin anhelos ni estrellas al servicio del alma.
Ya nadie te recuerda
entre las bambalinas de mis dedos
ni en el río revuelto y sin obstáculos
de dos cuerpos desnudos que se aman.

Porque no me das más que oídos si te llamo,
y en tan pequeño espacio te digo tantas cosas...

Y tus lúcidos pasos contradicen
–cuando te dejo en casa– cada día
mi corazón de sombra tantas veces.
Es el retrovisor sinceramente cruel,
porque no hace otra cosa que mostr
arme
cuando creo que avanzo
lo que he dejado atrás.

El reflejo del sol que tus tacones guardan
en las calles a oscuras de mis ojos.

miércoles 10 de diciembre de 2008



UN TIEMPO DIFÍCIL

¿Cuánto puede durar un hombre solo
si es cómplice la vida del fracaso?

Y sin saber por qué, al llegar a la esquina,
me sobra, ya sin ti, mi incomprensible afán
de plagiarle a otra boca cicatrices
de tiempo y de silencio lengua a lengua,
lo mismo que a la noche, esa plica cerrada,
un enredo de labios y más labios
de roja telaraña interminable
que colinda contigo, en contra del presente,
con las horas hostiles del recuerdo.

El agua une los labios, esa herida, esa lluvia,
al sabor radical de las palabras
que le ponen un precio a nuestro amor.
Suena a moneda falsa el corazón pagado
y anudo a su belleza contagiosa
el hilo roto de mi boca helada
y el beso no aplaudido por tu boca,
quizás como un reproche
secreto de los labios.

No hay nadie en la avenida, nada más femenino
que una flor que envejece, ni más triste
que un verano sin cielo de verano, sin sueño de una noche.
Nada más femenino que la felicidad,
que va imponiendo sus escapa
rates,
donde reconocerte en cualquier callecita
detrás de algún abrazo.
Hasta un golpe de lluvia es femenino
si se aprende en la piel de las ciudades.

Y sin saber por qué, un hombre solo adónde va
persiguiendo a la lluvia,
_________________esos tacones altos
que confirma los labios sed a sed,
que marcan nuestras huellas, nuestro olvido.
Para sentirse viva y transparente
hunde el carmín el agua en todos los espejos
con arreglo a la moda de ser dos
por los alrededores de este mundo,
de nuestra propia casa en el pasado.

Igual que hay lágrimas para todos los ojos,
la lluvia es un trofeo a cierta altura,
en la deseosa pica del tacón, por ejemplo.
Quítate los zapatos sin querer,
sin saber que el dolor es un paraguas
cuando la lluvia escupe sobre el mundo.
Sobre el capó del coche a mala leche
suenan sus pasos.
_____________La lluvia es siempre alguien
que te enseña a llorar.

Miro la lluvia olvidada en tus dedos,
que cruza tantas calles, tus dieciocho años,
mi historia personal, hasta dejarnos solos
en un portal a oscuras contra el día,
las normas de tu piel y este silencio.
Corre a compás el agua entre nosotros
de los labios que corren desvalidos
entre los quitamiedos de la noche,
que jamás desemboca en tu desnudo.

Sé que la oscuridad tiene mil ojos,
pero eróticas son las luces de las calles
-al margen de la lluvia-
y el viejo amanecer que nos desarma
otra noche difícil,
otro tiempo sin ti
propicio a la nostalgia, esa cárcel del tiempo
con sabor a champán y desencanto
mientras
grita la ducha lejos de tu desnudo.

Nos pasamos la vida en noches como ésta.
Y es preciso salir lo antes posible.
No basta con decirlo.

Una vez en la cama más triste de la Tierra
el sexo no es sagrado como lo eras tú.
Porque besar tu cuerpo era nombrar el agua.

sábado 22 de noviembre de 2008


DESNUDO FEMENINO

bajo el sol obsesivo de un solo pensamiento
Lorenzo Oliván

Es tu desnudo
en la piscina en llamas
bajo el silencio verde de los álamos.
No hace verano en ti ninguna nube
ni hay marcas de biquini por tu piel.
Todo es caligrafía, centímetro a centímetro,
de luz delineante sobre el mundo
que escribe la palabra desnudez
con cada prenda que te sobra. Y ardes
bajo el sol obsesivo de un solo pensamiento.

sábado 8 de noviembre de 2008


NUESTRA FELICIDAD

A menudo los labios más urgentes
no tienen prisa dos besos después.
Joaquín Sabina

En un hotel cualquiera,
a los pies de tus ojos, sobre los edificios,
y frente al mar tatuado en la ventana,
amo -cada vez más-, pero sin prisa,
poco a poco tu cuerpo, tan desnudo
como una hoja en blanco
-cada vez más oscura-
dejada de la mano de mis dedos,
que escriben, codiciosos, tan despacio,
palabras invisibles que te dicen te quiero
en tu imprudente piel acariciada
cuando bajas la guardia de tus medias naranjas
y la paloma blanca de tu ropa interior
sobrevuela mi cama como un recuerdo antiguo
del destino de ahora.

Tal vez sea el champán,
la forma en que me besas con ese tacto rojo
de reciente carmín cuando todo comienza
disfrazado en mi boca con un beso
vestido de pezón armado hasta los dientes,
en deuda con mis labios, zumo de ti tan mío
si te muerdo algún pecho de luna amotinada
más allá de la noche y la imaginación.

Yo que he visto ovillarse en mis ojos
el sexo intacto de una flor en celos
donde aprender de nuevo a confiar
en la palabra amor, que es implacable.

Abres mi corazón, porque te sientes viva,
como una caja fuerte que cede ante tus dedos,
y el sueño que ahora duerme en mis ojos cerrados
contra el sabor errante de una lágrima
que hoy nos pertenece,
lejos de la tristeza,
como un púgil a punto de besar hoy la lona
del poema que llamas “Nuestra felicidad”.

Piensas en la mirada de algunos hombres buenos
mientras fumas y esperas
que te bese otra vez cuando despierte,
cuando este sol en quiebra se acomode en los ojos
y sea el amanecer como un espejo roto.

viernes 7 de noviembre de 2008


POR SI TÚ LO OLVIDAS

Te contaré una cosa,
ahora que estás aquí
al borde de mis ojos, que hoy quizás
aprendieron, por fin, a imaginarte
entre las viejas sábanas de la complicidad
igual que una bandera aún no corrompida.
Ojalá me besaras como antes.
Ojalá me besaras todavía.

Tú sabes que mi boca
no te dejó en silencio un solo día,
quiero decir ni una sola noche,
no se cansó jamás
de decir tu desnudo es un país humilde,
una letra de tango o de bolero,
un punto de llegada y de partida,
según la noche, amor.

Según mis labios,
solo quiero palabras pronunciadas por ti,
recibir las noticias de tu boca,
esa alambrada en paz
de incisivo carmín enamorado.
No parece
tu boca que manche las palabras.
Decir tu boca es acallar la mía.
Amor, lo que nos queda por decir...

La vida es un objeto de consumo
del sueño y la conciencia y la memoria
en este día azul en contra de la lluvia
y este sol con resaca que interroga a las nubes.
No desmienten su amor
los que suben persianas al olvido
y viven con las mismas ojeras de los sueños
de los que nunca duermen cuand
o aman.

lunes 27 de octubre de 2008


LA NOCHE DE UN HOMBRE QUE MIRA TU RETRATO

Desde el retrato…
me miras como un huésped
en la cama del cuarto que fue tuyo. (…)
Mi juventud es solo este carbunclo
en la noche de un hombre que mira tu retrato
y excava en el vacío otro vacío
junto a la cabecera de la que fue tu cama.
Joan Margarit

Cuando la noche es un álbum de fotos en la nieve
y eres tú, aquella noche
en que nos conocimos para siempre
en la estación de esquí del fin del mundo,
los labios inocentes, lejos de todo aún,
de tantos compromisos y promesas difíciles.
Bajo la luna triste que parece
una cama desecha después de todos los abrazos,
la vida es el sentido que le das
a la palabra incertidumbre
después de haber amado demasiado.

Vivir consiste en eso.
Tú, que pones la noche como excusa
para soñar mejor con otros mundos,
deberías saberlo.
Es un acto de amor vivir de nuevo,
pero de un modo distinto después del desencanto.
Y aunque sé que otro mundo es posible,
yo soy tan solo un hombre
al que le cuesta tanto no abrazarte,
al que le cuesta tanto no llorar
sobre el retrato a punto de romperse
contigo y tus asuntos de estrellas de una noche.

Otra noche es posible si despiertas,
según confiesa nuestra historia,
esa blanca esperanza de un invierno mejor.
Pero no basta con quererlo así.
No basta mi palabra en cada amanecer.
Porque hablo de ti en la memoria fuerte,
alguien piensa a tu lado
en el futuro que recuerda y llora
a la vez que imagina el desconsuelo
de los ojos de hoy.
Es el dolor del día brillando entre mis cosas
como aquellos amantes

que no tuve jamás entre mis brazos.

Hay labios que se agarran al vacío,

cielos sin argumentos,
que impone en el cristal de otro verano
el oro incandescente de la luz
que me enseñaste a ver con los ojos cerrados,
un cielo azul igual que una mano vacía
que se extiende y nos dice mientras tiembla:
aún es hermoso el mundo
aunque no estés en él.

Hablemos del dolor. Hay batas blancas
con la fría presencia de los ángeles
en donde tú me esperas,
un momento de frío que azota la ventana,
las alas contenidas lo mismo que las lágrimas
mientras todo el infierno permanece conmigo.
La nieve era la causa que nos mantuvo juntos.

Pero la noche llega nuevamente
y excava en el silencio otro silencio,
intolerante y débil como una niña chica
frente al espejo igual que dos extraños.
Y me siento culpable.
Ha empezado a nevar sin esperanza,
pero con convencimiento.

martes 21 de octubre de 2008


LO QUE NUNCA TE HE DICHO

Tiene la noche luces de puerto abandonado.

Pero quiero que sepas lo que nunca te he dicho
–porque soy lo que lees–, quiero que sepas

que guardo para ti un abrazo futuro
en un rincón sin nadie del planeta.
Solos los dos, sin más,

cuando menos lo esperes.

Tú me recetas tiempo,
un poco de paciencia ante las dudas
y los primeros síntomas de la desilusión.
Pero sabes que somos aquello que esperamos,
cada mano que lleva a un lugar diferente,
esta luz insumisa tatuada en los ojos,
enredada en las sábanas sin temor al vacío.

Si no fuera tan cierto, pensaría
-y puede que no sea una respuesta-
que no hay un temblor de lluvia en los tejados tristes
de esta ciudad del Sur que tú mirabas,
un martirio de alas en cada amanecer,
un corazón mojado bajo la hierba húmeda
del parque con perfume de lluvia en tu cabello.

Aunque tenga la noche luces de puerto abandonado

y mientan los que dicen que es imposible, que
desde tus altos ojos no puede verse el mar,
que no sabes sin alas acariciar el cielo,
serás capaz, cuando me abraces,
de destruir el hielo de mi boca sin ti,
de desplazar el eje de la Tierra.

¿Para que renunciar? Cierro los ojos:
la vida es un secreto que guardamos a medias.
Me gusta tu silencio con ruido
de coches que no pasan,
calle cortada al tráfico.
Y hace tiempo que miro por el retrovisor
buscando tu silueta donde se acaba el cielo.

Si me miras, por un instante solo,
el mundo está bien hecho.
Y pensar que pudimos no encontrarnos…

domingo 12 de octubre de 2008

Amantes, Mónica Ozámiz Fortis

MEMORIA DEL PRESENTE

Yo busco en el amor calles estrechas
con esquinas con rótulos mirándote,
balcones desvelados, color luna,

o este cuarto con sábanas deshechas
de pensión con espejos con tu rostro
diciéndole a mi rostro cualquier cosa...

No quiero añadir más literatura:
solo el mítico rojo de tus labios
y el sabor clandestino de mi cuerpo.

Es tu desnudo igual que un folio en blanco
donde escribir:
La noche se parece a nosotros.

martes 30 de septiembre de 2008


LA POSESIÓN

Al borde ya de ti, tengo que hacerme
de todo lo que eres y esperaba
que fuéramos los dos alguna vez.
Tengo que descubrirte cada día,
o mejor cada noche, sin más luz
que la que encuentro y toco entre las sábanas,
donde se esconden las remotas sombras
de los más hondos cuerpos que perdimos.
Todo puede ser nuestro todavía
si aprendemos que nada permanece,
que el resplandor profundo de lo efímero
–como un débil relámpago en agosto–
ciega a quien ama porque lo ama en vano.
Solo sé que soy hombre y que te quiero,
que estás completa, al fin, de mi avaricia.

jueves 25 de septiembre de 2008


CONSEJO PARA PRINCIPIANTES

Asómate al espejo de las dudas.
Y acércate hasta él con gesto cómplice.
No rompas en pedazos ni en más lágrimas
el reflejo de amor que solo tienes.

Y háblale de ti, que sabes su mañana.
Traza tu propio yo desde el anverso
hasta la resistencia. Y lánzate algún beso
que perfore el cristal del narcisismo.

jueves 18 de septiembre de 2008


BUFFET LIBRE

… estoy oyendo aquella misma voz
con la que me llamaste tantas veces.
Joan Margarit

Como un perfume.
Hallo un rastro de ti
entre papeles.

Hoy vuelves a tener catorce años.

Desde la barra fija de mis ojos
te miro con paciencia, deteniéndome
-ingrávido el vestido-
en la esquina intangible de tu rodilla izquierda,
que está ligeramente flexionada:
igual mi corazón, sinónimo del tuyo.

Pides café con hielo
y son las seis y pico en tu reloj,
piensas que el sol no va a ponerse nunca
mientras escribes algo en una servilleta:

ESCRITO ESTÁ EN EL CIELO

¿Sabes volar? Te espero entonces
entre las blancas nubes
con voluntad de sábanas.

Escrito está en el cielo de tus piernas
,
me dices realmente con deseo,
como quien cruza una frontera
más allá de las cosas,
en el lado tranquilo de la vida
a imagen/semejanza del amor.

Tal vez lo sepas luego.

Y te vas tan despacio que parece
-como en las pelis clásicas-
que te quedas conmigo.
De espalda a mi silencio,
no sé si tus lunares, dispuestos de ese modo,
componen un mensaje
-mapa del alma-
que descifrar desnudos en la ducha
mientras que corre el agua contra el mundo.

Pero el atardecer,
igual que una pizarra que de pronto se borra,
muestra la oscuridad, muestra otros ojos,
un bar que ya no existe,
encendido en cualquier anochecer.
La noche es cualquier cosa y tú lo sabes,
como un collage mal acabado.
Ignoras todavía lo que pienso:
cada paso que das te lleva a mí.

Son en mitad del mundo
tus larguísimas piernas oscuros callejones
a la luz de los ojos como dados
que ruedan cada noche buscando mejor suerte.
Más tarde, en la pensión,
que hemos pagado a medias
-los únicos ahorros que teníamos-,
te escucho sin tacones y eres agua
derramada en la cama limpiamente,
mojándome los huesos
que tanta luna había blanqueado
en las noches sin ti.

Y el fuego te salpica mojándote la lengua
a la vez que me muerdes y no quieres mentirme,
decirme con decoro
que las cosas en casa están mejor.
Tu labio en equilibrio
sobre el alambre rojo de mi labio.
Y abres los ojos para siempre
tan impecablemente maquillados
por la oscura alegría de un rímel antilágrimas.
Y te abrazo tan fuerte
que no tocas el suelo con los pies.

Y caigo entre las cuerdas de tus piernas.
Y tú gimiendo monosílabos,
sin tirar la toalla del orgasmo
al blanco cuadrilátero del sexo,
besando para siempre
la lona de mi cuerpo sin saber
que un amor así
no iba a acabarse… nunca.

En el balcón la aurora
tiene aspecto de mapa mal doblado
,
dices esta mañana y pienso que
es tan real el sueño cuando te desperezas
que dejo de escribir sin importarme.

Pienso también
tras muchos años
en qué estarán pensando nuestros padres.
Y por esta vez,
solo por esta vez,
vuelvo a tener catorce años.

martes 16 de septiembre de 2008


POEMA DE AMOR O DESAMOR PARA CUANDO DESPERTEMOS

La nada, y tú lo sabes,
no es otra forma de decirnos te quiero,
callejón que sabemos sin salida.
Pero nos cuesta tanto
pegar la media vuelta, buscar otro camino
a cierta altura, amor,
como un equilibrista en el alambre
con los ojos cerrados de quien sueña.

Pues nadie quiere herir ni ser herido.
Por eso inútilmente prolongamos
un fin inaplazable, que afrontar no queremos.
Es cierto casi siempre:
estamos rodeados de esos signos
que no queremos ver ni tampoco mirar
bajo esta lluvia de verano absurdo
como una llave que no abre nada.

Acaso después de muchos años,
después de tantas noches sin tus besos,
sin el último beso –ya ves- de buenas noches,
me haya acostumbrado simplemente
a no saber de ti hasta mañana,
sentir la soledad de no estar solo
sino contigo siempre
aunque te echo de menos.

Se presenta el adiós, la despedida.
Conoces ese adiós, pero fue hace tanto
que ya no lo recuerdas. A veces el adiós
comienza en el principio, con el primer saludo,
las primeras miradas, ese campo de minas…
Y duele entonces cada indicio que nos dice:
quizás lo inevitable esté ya sucediendo.
Cada vez que no llamas.
cada palabra dicha sin pasión
resulta una señal para nosotros
de que llegó la hora de no vernos jamás.
Y sin embargo…
Alguien llama a la puerta.
Hace días que quiero decirte algunas cosas...
Y no te digo nada.

Y no hay preguntas.

Y cuando finalmente lo sentimos,
nos damos cuenta de que solo
corremos intentado dar alcance
a alguien que sabemos que nunca estuvo ahí,
aplazando el momento
con maniobras y engaños, palabras sin futuro,
para frenar el fin largamente anunciado.

Porque hasta el sufrimiento es, a veces, preferible a la nada.

viernes 12 de septiembre de 2008


MENÚ DEL DÍA

Imagina un café, entre dos medialunas,
y tú leyéndome la mano,
echándome en la cara el humo del cigarro,
mordiéndonos los labios de repente
con un silencio oscuro color rojo
y una música al fondo, Be My Baby,
y un almuerzo pendiente, la carne poco hecha,
y otro espresso, please, la vida a sorbos.

Tienes mi mano
y el saldo de certeza
de quien no entiende, amor, la vida a solas,
sin tarde ni merienda compartida,
sin cine de verano,
sin parque a medianoche,
sin una rosa blanca en nuestra mesa
antes del primer plato
–que has pedido por mí–
y de recomendarnos
mutuamente
como exótico postre
bajo estrellas anónimas.

martes 9 de septiembre de 2008


POR RAZONES DE SEGURIDAD

Arroja la botella de las sombras. Te queman.
La luz verde del llanto perfora tus mejillas.
La barra de este bar no es ningún horizonte,
tampoco una salida el alma en bancarrota.
El amor no es posible en el olvido. Y sabes
que en la jaula del vaso la tristeza te mata.
No liquides con ella las cuentas todavía:
espera a que te llame, que se sequen sus ojos
y te perdone el odio -paciencia- alguna vez.
Y si quiere vengarse por tanto que le has hecho,
tú dile que la quieres, que hoy eres otro hombre.
Y si nada funciona y tu sangre se enfría,
vete de la ciudad y empeña el corazón...
Y cómprate un revólver que del amor te guarde.

viernes 5 de septiembre de 2008


MI VIDA SIN TI

En este sitio nadie cuenta
estrellas por la noche.
David González

La soledad es una plaza abierta,
una copa sin el carmín de nadie
frente a la mía, en una mesa a oscuras
a la luz de un paseo que habla del insomnio,
del ruido de la Torre de Pisa al inclinarse,
una mujer –quién sabe si eres tú–
comiéndose un helado de leche merengada
del brazo de otro hombre, en otro bulevar de sueños rotos.
Y el cielo como un arma cargada de tristeza
que me apunta a los ojos estrellados
en ninguna mirada que me enseñe a contar
estrellas por la noche.

En sus ojos he visto
ojeras color luna, un poniente extinguiéndose,
noches de uñas largas lo mismo que recuerdos,
igual que un largo adiós, esa otra vida
que dejamos pendiente
cuando era una fiesta el mundo a medianoche,
porque el amor lo es todo
y lo que no es amor tanto da si se olvida.
Lo que he visto en sus ojos
lo he buscado en mi cama tantas veces,
en el invierno a solas,
cuando más pena dan los amores perdidos.

Y ahora sé que nunca
volveremos a ser, por un instante,
aquellos que aprendieron
antes de amar en vano
que hay un charco de lluvia en los áridos ojos
que pisa el desamor,
ese cristal a punto de romperse.
Yo no sabía que el silencio
pudiera decir tanto si no ceno contigo
ni mi cuerpo se duerme entre tus manos
y el roce de las sábanas.
La vida no es gran cosa si tú no estás conmigo.

En qué pienso, me dices
mientras te das la vuelta
camino de otros sueños en la cama.

Pensaba en que te quiero todavía,
en que no sé qué haría si no pudiera al menos
pensar en que te quiero. Porque si pienso en ti
el mundo no está mal del todo: hay esperanza
si alguien corta el silencio en dos mitades
con palabras de amor de un solo tajo.
Pienso que estoy contigo,
que tengo el tiempo justo de besarte
antes de que te duermas.

jueves 4 de septiembre de 2008


AMOR EN PLENO ATASCO

En un paso de cebra nos besamos
y el tráfico incordiaba nuestro amor.


martes 2 de septiembre de 2008



UNA VEZ...

Una vez me dijiste: Tiene un color el cielo
de casa abandonada.

La tarde sigue un rastro

de palomas que huyen en todas direcciones
.
Fue en mitad de una plaza, junto a un árbol

-donde el aire hilvanó su silueta salvaje-
y el frío edificado de la estatua
igual que el corazón, sin pedestal.
Recuerdo el exorcismo,
ese cansancio blanco de la nieve caída

sobre el espejo roto de las calles,
de la ciudad sin luna,

y el largo invierno que dejaron tus alas.

domingo 31 de agosto de 2008


ANUNCIO POR PALABRAS

Yo soy la oscuridad que te persigue,
un vampiro que empeña sus colmillos
por un beso de día.


NUEVA OPORTUNIDAD

Tú te das por vencida,
yo doy todos mis versos por un taxi
que me devuelva a ti.


LOS ESPEJOS VACÍOS

Los espejos sin ti
me recuerdan tu piel
y otras mentiras.


ALAS
... como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo.

O. Paz


Son
tus dos piernas solares, calle arriba,
el parteluz de todas las miradas.

CORAZÓNCINCOESTRELLAS
No tiembles nunca más por lo que sabes,
no temas nunca más por lo que has visto.
Carlos Marzal

Piensa en tu corazón, que hace esquina
con la felicidad según consta en tu piel.
Entre tanto la noche te insta y te desviste...
Resuenan las monedas, su familiar tristeza,
y el sabor rencoroso de las desilusiones
me ensucia el paladar hurgando en tu derrota.
Y tú sabes que a veces es más ciega
la vida
que el amor que apuntala un futuro distinto,
la esperanza que aguarda en un cuarto lejano
donde alguien te brinda una rosa en silencio,
una mirada atenta de velas encendidas,
mientras que tú te duermes a su lado. No temas
en la estrechura abierta de un abrazo, no tiembles
bajo las luces rojas de un hotel, y una música,
llamado corazón, que nadie más oyera.

jueves 28 de agosto de 2008


GOODBYE, MISS EQUIS
(TRAS UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO)

...
en un cabaret de mala muerte

(...) ataviada con medias negras,
ligas sobresalientes y un provocativo maillot,

entonaba, con profunda, ronca voz, de tabaco duro,
un cantable destinado a esclavizar...

Terenci Moix,“La Gran Historia del Cine”

Saca el pañuelo rojo y agítalo en el aire.
Dime adiós si te atreves. Con un beso, di adiós.
Paloma remotísima —hoy te llaman Miss Equis—,
oh Sísifo en la sombra del cabaret en llamas,
perfúmanos de azul y así todo el infierno...
La noche se acentúa de pronto en tus pezones.
Tus piernas peligrosas se me vuelven, se afilan
como negras serpientes encantadas. Te quiero
con uñas corrosivas al calor de mi piel.
De tus ojos enormes como hogueras, despacio
me asesina —despacio— la luz que es transparente.
Rasgas las vestiduras inocentes que llevas...
Carmín divino llevas, voz de alarma. ¡Oh dime,
dime por cuánto amor te estás quemando viva!

miércoles 27 de agosto de 2008


JUEGOS DOMÉSTICOS

No estás aquí, es un amanecer que desconoces,
pero que pasará sin duda a tus poemas.
Luis García Montero

Desempolvas la noche
y te exilias desnuda de mi cama
camino de la ducha simplemente,
del trabajo que temo
haber empezado a comprender.

Eres tú
y no eres tú,
es el brillo del whisky que me he dejado a medias
encima de la mesa melancólica
mientras la oscuridad que tú buscabas
ya no decora nuestro amor ni nuestra
inteligencia, lúcida en la sombra.

Porque tienes razón
las lágrimas remiten al infierno,
me devuelven a mí,
son pétalos pisados de mí mismo.
¿Y para qué mentirnos?

La vida duele menos
si miro tu desnudo enredado en la ducha,
recién hecho el amor contra los azulejos.


Y no hay un solo instante en que alguien no diga
te quiero para siempre
sin saber que es mentira, sabiendo que es verdad.
Alguien silba en la calle una metáfora,
esa mala canción del día siguiente
al concierto de cuerdas y de sábanas
tras no desafinar ni una caricia
en la música clásica del sexo
que llamamos nocturno, instinto, estrella,
que llamamos verano mezclado con champán.

Nadie duerme a mi lado y eres tú,
alguien se viste ante el espejo
y no eres tú.
No sé si te das cuenta:
desempolvas la noche, nuestra historia,
las alas que encontramos debajo de los besos,
el paisaje dudoso de tu ropa sin ti
tirada por el suelo del futuro,
como imitándote el vacío.

Y era fácil saber que se trataba
de mi propia verdad, del corazón
en que se apoya un sueño inútilmente.
Hoy
(y ayer
y siempre)

riño con el silencio preguntándome
por qué no me devuelves las llamadas
y el calendario corre en dirección contraria.
Sin ti la vida es una mala copia:
si no eres tú no puedo ser quien soy.

Ni siquiera lo sé. Es el amor quizás
escondido en la prisa de vivir.
Es el cielo previsto al que regresas,
el sol impertinente en todas las esquinas,
las páginas dobladas de los días,
recordados después de quietarte las riendas,
de sentir en los dedos, aunque muy débilmente,
débilmente tu piel igual que un vicio
de otro tiempo sin más por un instante
tomado únicamente por la música,
pidiendo la palabra al final de un
gemido,
al doblar esa esquina del
silencio
y el aullido apagado de quien mira
con miedo de estar solo.

__________________Esa mirada
es el gesto más tuyo que conozco de mí.
Tu ropa abraza el suelo todavía
y tu boca sin mí es un barco anclado.
Por ella hasta los besos
veo tu nombre navegar despacio.
Pero no estás aquí.
Es un amanecer que desconozco,
que pasará sin duda a mis poemas.

Amor
debe llamarse eso.

domingo 24 de agosto de 2008


PREGUNTAS DE EXAMEN

Para saber de amor,

es preciso el silencio contra todos
los muros desgastados del idioma.

Para aprender la noche,
nada mejor que el curso de las sábanas
mientras corre tu cuerpo por el mío.

Para pasar la vida,

podemos desnudarnos otra vez.

sábado 23 de agosto de 2008


COMO LA LUZ DE UN SUEÑO

Me conciernen la noche, el brusco día
en cada bocacalle. El horizonte
es un alambre sucio
donde cuelga la vida diariamente
la blanca intimidad de algunas nubes
como húmedas ropas.

Recién llegado al mundo,
el sol tiene el calor de los borrachos
y dice su verdad y su inocencia
en la última copa de los árboles
que aún guardan el olor de las estrellas,
del alto limonar de las oscuras ramas.

Cuando retorno a casa, allí me rindo
al sueño que amenaza mi desorden
más allá de mi cuerpo, y la nostalgia
es una enredadera
a solas con la imagen que tengo de tu piel
pegada en las paredes del recuerdo.

Y la tarde más larga me conmueve
antes de despertar y ver que el mundo
se hace viejo otra vez sobre las calles.
Y el amor, que es de todos,
es familiar como cualquier esquina
que dobla el corazón de nuestro abrazo.

La prueba más veraz de que todo es un sueño
es recordar tu piel saliendo de la cama
o abrazarte desnuda, mirándote al espejo,
y no sentir el peso de una historia
de papel y palabras
de amor de doble filo.

Como la luz de un sueño
cuando nos despertamos.

viernes 22 de agosto de 2008


DE ENTRE TANTAS, DE ENTRE TODAS

Cómo decirlo.
Amar es darse cuenta
de que alguien le dio la vuelta a todo
sin levantar sospechas,
de repente,
en un día con cosas que contar.
Unos labios bastaban
para decir que no, pero también
una noche con lluvia sobre un taxi
para tirarme el beso que aún guardo en mi mano
como un tatuaje imaginario. Entonces
yo ignoraba saber que es un rato la vida,
que éramos tan distintos como iguales,
porque vivimos
en un mundo de ciegos. Como ahora
que estoy,
sin ti,
medio desnudo,
sin la mitad de mí que a ti te sobra,
sin la mitad de ti que a mí me falta.
Cómo decirlo ahora
entre las sábanas: la soledad
remite a nuestras manos.
Y parece que nada es ya lo mismo.
Has cambiado este instante
y el siguiente.
Yo te elegí
entre tantas, entre todas.
O fuiste tú
quizás.
Sin duda que lo hiciste:
el hombre, en el amor, sólo compite.
Pero todo da igual. En esta hora,
llenemos con un beso este vacío
que a ambos nos separa.
Amemos la evidencia,
porque amar es ponerse
-encima
o debajo-
en el lugar del otro.
Y descubre conmigo nuevamente
que amar la vida es un paseo
largo
por el mejor lugar que conocemos,
pues somos como aquellos
que no dejaron nunca de amarse sobre el mundo
como aman los niños,
es decir, seriamente.

jueves 21 de agosto de 2008


LAS ÚLTIMAS PALABRAS

El mundo aún tiene un largo olor a ti,

está todo atestado de gestos misteriosos,
de incomprensibles acontecimientos.

Pero también de últimas palabras,

cuerpos indescifrables,

de paz sin nombre,
sin respiración,

como la muerte acaso, parecido al invierno.

Bajo un cielo vacío,

sin decir las estrellas,

la noche corre sobre rieles rotos

y descarrila cuando encuentra el alba.

Es un tren desatado

en mitad de una vía trazada por el sol,

que te evoca desnuda, luz vestida,
a punto de arrollarte.


Sin ninguna esperanza,

pienso en la arquitectura efímera del cielo,

hay escrita en el aire una frase de pájaros

que dice mi tristeza,

así duele un amor cuando amanece

si no estás junto a mí bajo las sábanas,
si no hay más que vacío entre mis cosas,

porque se hereda un cielo igual que una mentira.


Y quiero que lo sepas. No te amo en pasado,
no te amo en presente ni te amo en futuro.
Es un amor sin tiempo, que no tiene medidas.
Es simplemente amor -y tú lo sabes-
cargado de promesas que no deben cumplirse
porque ya se cumplieron todas al conocerte.
Y te escribo estas líneas de amor a buen seguro
que han sabido entregarse, que son tuyas.

Dispongo las palabras. En silencio

pierdo las blancas riendas de la página

última de mi vida -sin tú no estás conmigo-,

como lo fuera ayer, igual que es hoy

y quizás mañana. Una parte de mí

ilumina el vacío. Semejante a mis labios,

desbocada palabra es el silencio,

que examina mi piel, reconociéndome.

Y escucho las silencios que se alejan contigo.


Tiene que ver mi estancia en este mundo
solo con el azar de nuestro hallazgo,

y con un hecho triste:
"Te amo todavía

todo el tiempo. Te espero aquí, si quieres,

si alguna vez decides regresar,

dejar sobre mis cosas restos de lencería,

esa ropa que acaba por ser un precipicio".


¿Adónde irán, amor, cuando no huyen

los que siempre, mi amor, están huyendo?


Seguramente aprenda con el añoos

que el amor se construye sin palabras,

con tantas decepciones.

__________________Cuando abro la puerta

y no te encuentro al fin

delante de mis ojos sin respuestas,

y quiero convencerme de que debo olvidarte,

de que todo es incierto entre nosotros.

Y me arrojo a la calle sin abrazo.

Camino de la ausencia, kilómetro a kilómetro
busco cada esperanza de un modo diferente,
reivindico el derecho a la ternura,
la manera de estar frente a tus labios
y llorar simplemente sobre ellos.

Pero la vida es un amor perdido,

qué lugar tan extraño nuestra cama

y qué frío es el mundo si no estás.


Del aire solo quiero una paloma

que anuncie tu regreso alguna vez

y cuente el desamor de nuestra historia.

La soledad es ruido si no suena el teléfono.
No debo proclamar

mi desencanto. A modo de coartada,

bajo un amanecer que está lleno de pájaros,

el mundo huele a cartas sin abrir.

Se me olvidó otra vez que tengo que olvidarte.

martes 19 de agosto de 2008


EL CLUB NÉMESIS

París, cuando te vi a través de las sombras
y las luces de aquel night-club de mala muerte,
me dejaste
sin habla, imperceptible
-mi voz, estoy seguro, no la recuerda nadie-,
siguiéndote en silencio como un ángel vigía.
Estabas tan hermosa. Habías florecido
de la nada, del humo, o tal vez de la música,
You can leave your hat on, sonando suavemente.
De la mano del fuego llegaste hasta nosotros,
rozándote la piel te miraban los hombres
y tú disimulando el éxtasis del mundo,
ignorabas también que el mundo te quisiera
para siempre en sus brazos, igual que entre las sábanas,
esas inmensas alas del insomnio.
Porque tú solamente, celestial en tus formas,
levantando las alas de las más finas sedas
y el maillot afilado hasta el vientre de pan,
te dedicabas, sí, a dar vueltas al mundo
de la pista de baile del pecado. De pronto,
al verme -como un acto reflejo- me besaste,
me abriste, sin defensa, en canal la camisa,
una zanja cavaste desde el cuello, y despacio
el alma me manchabas labio a labio. De azufre
era el carmín, de yel cada colmillo y sangre
maniatada al igual que mis manos, sin vida,
porque al fin se olvidaron, sin poder escapar,
del hueco de tu herida, del tacto sin remedio.
Y un giro hacia el infierno parecía la aurora,
invasora en la nada, detenida en el lecho,
que fuimos apagando... No hubo luz
en tus ojos. El rimmel con forma de tarántula
liquidaba las cuentas del pasado
más turbio. El beso como un nudo trajo,
desde tu boca en armas contra el viento,
amordazado el aire hasta mi boca,
hasta romper cadenas como labios,
hasta pedir auxilio...
_______________ Pero nadie escuchó.
La voz era invisible para todos.

Me pediste, París, el corazón
y un poco de dinero.

domingo 17 de agosto de 2008


POSTAL CON NIEVE

La ausencia es una forma de invierno.

L. G. Montero


Estoy solo. Te escribo
una postal con nieve,
te escribo desde el norte de la ausencia,
con ese mismo frío que hiela las palabras.
Y suelto las palomas de noviembre
que conmueven el sur, y tus dos manos
aprietan mi presente
y mi imaginación, de distancia a distancia.

Crece el invierno entre nosotros
sin hacerse pasar por quien no es,
y estos labios sin ti lo reconocen.
Así duele un invierno.
Necesito tus labios como máquinas
para limpiar de nieve los caminos
de tu casa a mi casa largamente.

Hoy vuelvo a preguntar
por aquellos que entonces invertían
sus únicos ahorros en el banco del parque
a oscuras como el beso, ese verano
que apenas te devuelve ese sol tímido
que financió el amor que no conoces,
tan frío en esta cama,
al final de otro día.

Quiero saber si es cierto
que sobrevive aún iluminándote
cada beso que hizo posible nuestra historia,
la tristeza sin nombre que inventamos,
la nota con mis débiles palabras
al borde de tu cama recién hecha
igual que el pensamiento.

Más allá de mi piel no te adivino
vestida de otro mundo y otras sábanas
del color de las noches inmortales.
Y dudo de mi amor y desconozco
si estarán todavía las rosas en la cama,
donde ayer las dejamos
apagarse en la luz de nuestras sombras
con ojos asombrados.

Cuando despunte el día
como un viejo cuchillo
por tu piel que amanece contra el cielo,
acuérdate de mí
y dispone de nuevo tu equipaje
camino del calor que conservamos
de aquel verano igual a nuestros ojos.

Y empapada de luz y de existencia
al otro lado de la puerta te percibo.
No quieres renunciar. Buscas mi vida,
la entrega innegociable del verano.
Decidida a existir,
procura que haya siempre
una noche de amor como la última
mirándome a los ojos.

Pero al abrir la puerta de otro día,
es un sueño el dolor que te imagino.

jueves 14 de agosto de 2008

BRINDIS

Por tu ropa de asalto en ruinas por el suelo
mientras me acribillabas con tu strip-tease de moda.

Por nuestro aniversario, cada lágrima misma
desvestida de ti. Con qué razón te amo.

Por el insano tacto de las dudas y el miedo
cuando estamos nerviosos como ayer: aquel día
hace más de tres años. Por nosotros, por todas
las palabras de humo que a diario me dejas
grabadas con vapor en los dulces espejos.

Por mis manos desnudas sobre esos hombros tuyos.
Por tus muslos salvajes, eternamente jóvenes,
donde siempre es de día. Por tu complicidad,
por la mezcla explosiva de los besos. Hoy brindo
por esa larga vida que tal vez nos espera.

LLAMADA TELEFÓNICA

En tanto que los taxis me regresan,
veo las calles por donde me han traído
y pienso en las ciudades que he vivido
con cielos de neón que me anestesian,
las historias de amor no me interesan
porque hoy sé de la vida lo perdido
y hoy los taxis me llevan al olvido
y del amor las sábanas me pesan...
Otra vez al teléfono me llama
y me pide que vuelva, mientras lloras,
tu voz de caracola arrepentida,
echándome de menos en la cama...

Lejos los dos sellamos tantas horas
con este adiós, con esta despedida.

miércoles 13 de agosto de 2008


AUTOPISTA HACIA UN CUERPO


Demasiado carmín.
_______________Recuerdo una autopista
del color de su piel, algún cielo remoto,
en la mirada el vuelo cautivo de algún ave,
la noche penetrando el labio que se abría,
la breve arquitectura del efímero tanga,
mientras yo conducía a casa de sus padres.




AMORDAZADOS

Insisto en el desnudo
de otro cielo estrellado como boca cosida.
Y las palabras se suicidan
por dentro de mis labios sin poder
decir todo el amor que necesito.


VUELO DE INSTRUCCIÓN


Sé que voy a quererte sin preguntas,
sé que vas a quererme sin respuestas.

Mario Benedetti


Lo que quiero decirte no cabe en un poema.
Y está bien que así sea.
Cómo hablar de tus alas sin que me falte el aire.
Quizás son esas alas las que impiden
tener pies en el suelo,
el larguísimo viaje de mis pies a la tierra.
Ni siquiera lo sé, pero no importa.
Ni siquiera recuerdo
si aún eres capaz de abrir los brazos
en señal de perdón. Quiero que vuelvas
a ser la misma, si es posible,
la de antes de que lloviese al recordarte.
Mi cama es un lugar en el que solo llueve.
Al fin y al cabo, somos lo que hacemos
por cambiar lo que somos.
Te quiero, sí, de todas las maneras.
Decirlo es importante.
Cuántas veces me he dicho
que eres mejor que todas las palabras,
tú que haces del silencio una trinchera,
que defiendes la risa igual que una bandera,
que en tu desnudo guardas un tratado de paz.
Confiésame el dolor que te he causado,
confiésame el dolor de cuando te alejaste
después que nos besamos de la forma más triste,
como un superviviente que se cansa de serlo
ordenando las cajas de su desolación
para emprender el vuelo, confiésame las alas,
cualquier dolor de alas penetrando el vacío.
No digo demasiado,
ni todo lo que quiero cuando no quiero nada.
Y busco, entre las otras,
la palabra con ojos abiertos a la vida,
cuando te digo “amor” y dices “noche”
que se abre de piernas o de alas se abre,
y tu cuerpo penetra en la palabra “amor”.
Y no se acaba el tiempo,
las palabras que cuentan lo que somos.
Y de pronto uno advierte
que en realidad se trata de saber ciertas cosas.
La oscuridad nos deja todavía más solos,
las palabras son huérfanas si no están en tu boca,

contigo es todo el día un brevísimo beso,
qué forma de besar cuando no besas,
todos mis besos tienen la forma de tus labios,
morir es desamar, pero con menos lágrimas,
tus lágrimas son hechos
de que el dolor es tanto como no me imagino.
Podríamos amarnos en otras circunstancias,
quedarnos en silencio. Me da igual.
Sé que voy a quererte sin preguntas,
sé que vas a quererme sin respuestas.
Por suerte eres un ángel.
Y escribo este poema
esperando a que un taxi te regrese a mi calle,
que mi alma se asome por entre los barrotes
de tu carmín con alas homicidas,
a que el nivel del cielo no alcance nuestras sábanas.
Por suerte eres un ángel,
ya desciendas de un taxi o bajes de una nube.
Sé que vas a quererme
sin que yo te prometa regresar a tu cama,
sin que tú me perdones otra noche sin ti.
Pero te lo prometo, amor, dalo por hecho.
Si te doy mi palabra, me doy yo.


Te beberás el cielo con los ojos.

martes 12 de agosto de 2008


LA VENUS CUALQUIERA


Manó de un taxi y seda eran las alas,

sus medias, suavemente fugitivas,

calle abajo, entre coches como balas.

Todas las nubes eran incisivas.

Aquella lluvia prolongaba el seno

y el pezón de diamante contra el frío.

El tráfico expulsaba su veneno

y el humo era a sus pies un largo río.

Bajó del taxi una mujer cualquiera...

Era la inevitable cabellera

de una Venus de cine en blanco y negro,

la boquita pintada de Mar Rojo,

las garras de Astracán y aquel sonrojo

al ver que alguien seguía al Ángel Negro.

domingo 10 de agosto de 2008


COMPAÑEROS DE VIAJE

París paralizada por la niebla...
Es la noche que pasa igual que un río
despacio hacia otro día
en que posiblemente estemos solos.

El humo que se esfuma de mis labios
y el tímido destello del cigarro que fumo
—simulacro de un beso—
____________________me acompañan
mientras camino y busco
alguna compañía en amistad. A veces
la noche se detiene en cierta esquina,
enhebrando mis ojos con historias ilusas
de princesas efímeras con reino en este mundo
de amor adulterado y tanga azul diurno,
y hay lágrimas que crecen como flores salvajes.

La ciudad te imagina, cada noche
se acumula en mi voz para saber de ti,
porque te he visto a ti entre todas las otras
precedida del fuego bajo tantas estrellas.
Pero no dices nada
y miras a otro lado:
te hacen daño los hombres
que luego son caricias
cuando el dolor te llena con más delicadeza.

La noche que saquea mis bolsillos
te pide algún destino para mí y tus labios,
esa última velada que te debe la vida
y una mesa indulgente para dos
en aquel restaurante con tu nombre,
en la noche de amor que nunca imaginamos
más tarde, en un hotel del fin del mundo.

Ha bajado la lluvia su telón.
_____________________Y me besas.
Y me muerdo la boca
pronunciando tu nombre.
París, este poema
es el precio que pago por echarte de menos.

Recuerda que no hay nada sencillo en el amor
ni vestido más bello
que una mujer desnuda que me abraza
al final de algún sueño que apenas recordamos
o al principio de otro.

Bajo la Torre Eiffel,
entre las piernas de París.

Y todos los caminos son hermosos
si llevan a París.

DÍAS VACÍOS

Su anhelado futuro
tiene la forma exacta de una huella.
Pedro Salinas

Miro a mi alrededor. Brilla septiembre
con la primera luz que le ha robado al día,
mientras observo cómo
una mujer cruza la calle y pienso
que tal vez sea cierto que se parece a ti
y sin embargo es triste que no seas.
Pero septiembre huele a despedida,
a charcos que no guardan una nube,
a hojas de periódico en el suelo
de la ciudad errante y cotidiana,
y hay huellas de mujer en cada calle
.
Yo conozco sus pasos
camino de otros mundos, que se alejan
de todo lo que soy, bajo un cielo inocente
que no se cansa de mirar sus piernas
cuando dicen adiós
bajo la lluvia. Espero
que esa mujer de blanco igual que un ave,
excitada de lluvia,
con tacones de anzuelo y medias como redes,
que trae la mordedura irreparable,
esa marca anterior a cualquier noche
que llamamos amor,
sea presa de recuerdo y de nostalgia,
de pura fantasía. Quiero
con mi boca secarle su desnudo
mientras que dura el rojo del semáforo
y el milagro del agua continúa
bordando su silueta
en la flor arrancada del vestido.
Y mis huellas la buscan en el tiempo
y quieren vivir más también mis ojos
y mis manos ya saben que no eres...

Mi anhelado futuro
tiene la forma exacta de su huella.

sábado 9 de agosto de 2008


FEBRERO, 14

conmovido y hierático,
desnudo como el agua...

F. Benítez Reyes

Nos dijimos adiós

igual que otros amantes, quizás, alguna vez,
se lo dijeron. Cuando

todo está dicho —y todo está perdido—

con melancolía y cierto desencanto

que yo aprendí muy pronto a reprocharte,
hoy quiero la tristeza del mar ante los ojos

y esta luz inocente del día enrarecido,

solo un recuerdo acaso de una costa a lo lejos

donde yo todavía quisiera celebrarte,

conmovido y hierático,

desnudo como el agua.

Pero te has ido, amor.
Se preguntan por ti las estrellas fugaces.