viernes 30 de julio de 2010



EL RINCÓN DE PENSAR

Recuerdo aquella vez en que tuve que castigar a Alicia por pasarse todo el tiempo dibujando puertas de carmín en los espejos de casa cuando debía estar prestándoles atención a sus libros de estudio. Y nadie podrá hacer que olvide la ocurrente pregunta que su hermano pequeño hizo aquella vez. ¿Papá, un pez y un pájaro pueden enamorarse? Claro que no pueden enamorarse, es algo que no permite la Madre Naturaleza, es como si tú te enamoraras de un burro, además los pájaros se comen a los peces. En ese momento, Alicia levantó la mano y dijo no, bobo, el pez vivirá en el corazón del pájaro y el pájaro vivirá en el del pez, mamá decía que no hace falta vivir juntos para estar enamorados, y si realmente hay amor, les
bastará con verse unos segundos, ¿a que sí, papá?

Acércate, cariño, eso es tan cierto, y si no vivirían en la casa del pájaro y el pez estaría en una
pecera dentro de la casa del pájaro. Y los niños rieron dulcemente mientras que él miraba la urna con las cenizas de su mujer y en sus ojos brillaban tres puntos suspensivos...

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